Miguel Tapia revive Pateando Piedras en el Caupolicán con invitados y clásicos
El ex baterista de Los Prisioneros celebró los 40 años del segundo disco del grupo en una noche llena de nostalgia y sorpresas.
El 15 de septiembre, el Teatro Caupolicán fue el epicentro de una celebración que unió a generaciones. Mientras en el GAM se inauguraba una exposición gratuita por los 40 años de Pateando Piedras, Miguel Tapia se subía al escenario del Caupolicán para interpretar ese disco en vivo. La fila para la muestra gratuita casi llegaba a Namur con Alameda, pero adentro del teatro la energía era otra: un casete blanco en pantalla daba inicio al show y el sintetizador de Muevan las Industrias rompió el silencio.
Un recorrido por el disco
Tapia se hizo esperar, cantó las primeras líneas tras bambalinas y salió al escenario. El público coreó “Las industrias, muevan las industrias” con fuerza, y sin pausa el riff western de Quieren Dinero sorprendió porque no seguía el orden original del álbum. La banda de apoyo mostró un sonido trabajado y definido, un lujo para canciones que en su época debieron lidiar con una técnica precaria. Luego vinieron Sexo, Estar Solo –con la guitarra saturada y una iglesia gótica en las pantallas–, y uno de los puntos altos: Independencia Cultural, donde Tapia cantó el exigente estribillo acompañado por las voces de Alejandro Salazar y Natalia Quintana, e incluyó el relato original de “Radio Concert” de Jorge González.
Por Favor y Por qué no se van mantuvieron los arreglos fieles, con el “Normandie” incluido. En Por qué no se van se sumaron leves variaciones ska y frases de batería a cargo de Amaru Tapia, hijo del sanmiguelino. En varios momentos del show se escuchó un grito contra el presidente José Antonio Kast. La primera tanda de invitados fueron José Miguel y Matías, dos chicos de los proyectos de Escuelas de rock con los que trabaja Tapia. Ambos tocaron Por qué los ricos con sus guitarras. “Ellos son de escuelas públicas, como yo”, los presentó el ex Prisionero.
Invitados y sorpresas
Tapia se sentó frente a la batería para interpretar Quién mató a Marilyn?, recordando sus días como el baterista original del grupo. Subió Daniel Guerrero, ex La Sociedad, y se hizo cargo de Amiga Mía, uno de los temas desgarradores de Corazones. Con camisa blanca, como un guiño a los Prisioneros versión 90, Guerrero se apropió del tema y al final dijo: “Que vivan Los Prisioneros por siempre”. Luego llegó Gonzalo Yañez, quien integró el grupo en la era de Manzana. Cantó Que no destrocen tu vida mientras Tapia seguía en la batería, y después se colgó la guitarra para descerrajar el riff de Manzana, el tema que da nombre al último disco del grupo en 2004.
Uno de los momentos más emotivos fue Tren al Sur: imágenes de trenes y guiños al videoclip de Cristian Galaz provocaron que el coreo retumbara en cada rincón del teatro. El público gritó “¡Jorge! ¡Jorge!” y Tapia pidió que se escuchara hasta San Miguel. Siguió con Cuéntame una historia original, enfatizando el beat maquinal, y luego Con Suavidad, con un arreglo de guitarra que recordaba a Daft Punk. Antes de Maldito Sudaca, Tapia dijo: “Yo creo que esta canción nos representa más que nunca”. El tema ska hizo bailar a los jóvenes que llegaron al show.
Un cierre íntimo y un legado que sigue
La recta final fue más íntima. Tapia se sentó con Coti Badilla y Marcel Soto, todos con guitarras acústicas, para un set fogatero que incluyó Mentalidad Televisiva, Paramar –guiño a la versión acústica que Los Prisioneros tocaban en la gira de Corazones– y una versión sorpresiva de Una mujer que no llame la atención. La noche cerró mostrando que Pateando Piedras no solo cumple 40 años, sino que sigue sonando con fuerza en un Chile que ha cambiado, pero que aún reconoce sus canciones como un grito colectivo.
Con información de La Tercera · Culto