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Volver al trabajo y cuidar la mente: las claves del neurocientífico Francisco Parada

El director del Centro de Neurociencia de la UDP explica por qué la rutina da propósito, cómo funcionan las pausas y cómo fijar metas realistas.

Volver al trabajo y cuidar la mente: las claves del neurocientífico Francisco Parada
Vía Radio Futuro

Después de las fiestas, volver a la pega cuesta. Pero más que un mal trago, la rutina laboral puede ser un aliado para la cabeza. El neurocientífico Francisco Parada, director del Centro de Estudios en Neurociencia Humana y Neuropsicología de la UDP, sostiene que el trabajo entrega un marco de sentido que va mucho más allá del sueldo.

El trabajo como organizador de la vida

El debate sobre la productividad no debería ir separado de la salud mental. Parada, que ha trabajado con pacientes sobrevivientes de lesiones cerebrales, notó que perder la actividad cotidiana tiene un efecto profundo. “Las personas sin trabajo, aparte de lo material, pierden el propósito”, dice. La falta de empleo afecta la estabilidad económica y también la orientación personal, porque la rutina ordena el día a día y da previsibilidad.

La mente, según Parada, no funciona aislada: “Toda conducta o cognición aparece en relación con un medio ambiente. La rutina te da propósito, pero también te ordena en qué cosas tienes que hacer. Sin metas, lo más probable es que termines deprimido o te agarres alguna adicción”. Los hábitos, agrega, son “andamiajes cognitivos” que reducen la ansiedad y permiten predecir y planificar.

El efecto fresh start: por qué las pausas son necesarias

Las vacaciones o los festivos rompen la inercia del año. Lejos de ser una pérdida de tiempo, esos quiebres son indispensables para el cerebro. Parada explica que “los organismos en general necesitamos parar el mundo. Esos quiebres de la rutina son muy útiles porque permiten desorganizar por un ratito el medio ambiente y reorganizar los tiempos y hábitos”. En la ciencia, esto se conoce como el efecto fresh start: la oportunidad de empezar de nuevo.

Los periodos de descanso, entonces, sirven para evaluar el rumbo personal y adoptar hábitos más saludables. Pero ojo: la salud mental depende de la relación entre la persona y su entorno. Cuando el entorno es caótico, la ansiedad sube. La rutina entrega un orden que baja el estrés, siempre que haya metas claras.

Metas realistas y el papel del entorno

Después de las vacaciones, muchos intentan cambios drásticos, pero la evidencia muestra que fracasan. Parada recomienda metas sencillas, alcanzables y medibles: “Para la persona común y corriente es muy difícil mandarse un cambio radical al estilo Rocky Balboa. Es mucho más fácil asociar conductas específicas con planes asequibles”. Por ejemplo, reducir el azúcar de a poco o subir los pasos diarios con acciones simples.

Además, el entorno tiene que facilitar la acción. “El cuerpo realmente te va a pedir quedarte echado en el sofá. Eso es lo fácil. Por eso se requiere que el medio ambiente te facilite la posibilidad de acción, porque dejarlo todo a la fuerza de voluntad es imposible”, dice Parada. Confiar solo en la voluntad no alcanza; hay que diseñar el espacio para que la conducta deseada sea más fácil.

En resumen, el cerebro es una máquina de aprendizaje que necesita predecir y controlar. Cultivar rutinas y metas cotidianas es la mejor estrategia para proteger la salud cognitiva a largo plazo.

Con información de Radio Futuro

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