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Pablo Larraín divide a la crítica con su serie Mis muertos tristes

La adaptación de cuentos de Mariana Enriquez, protagonizada por Mercedes Morán, llega a Netflix este jueves 24 tras su paso por San Sebastián.

Pablo Larraín divide a la crítica con su serie Mis muertos tristes
Vía La Tercera · Culto

Pablo Larraín sigue dando que hablar. Entre las filmaciones de su próxima película sobre el 11 de septiembre de 1973, el director chileno viajó a España para presentar en el Festival de San Sebastián su nueva serie Mis muertos tristes, adaptación de cuentos de la argentina Mariana Enriquez. La producción, que llega a Netflix este jueves 24 como miniserie de cuatro capítulos, se proyectó en el certamen como si fuera un largometraje y compite por la Concha de Oro, el máximo galardón del festival.

La historia gira en torno a Ema (Mercedes Morán), una médica recién jubilada que puede ver a los muertos. En pleno duelo por la muerte de su madre, con cuyo fantasma convive, su sobrina Julie (Carolina Alvarez) llega a su vida. Al mismo tiempo, el asesinato de tres adolescentes en Piedrabuena, un barrio golpeado por la violencia, desata una serie de desgracias que arrastra a todos. La serie se alimenta de varios cuentos de Un lugar soleado para gente sombría, usando como espina dorsal el relato Mis muertos tristes, que tiene a Ema como protagonista.

Larraín y Enriquez trabajaron en plena armonía; el director relató que tenían reservado un departamento por varias semanas para coordinar, pero solo bastaron un par de días para ponerse de acuerdo y trazar la hoja de ruta. Ese buen ambiente contrasta con la crudeza de la historia, que aborda temas como el duelo, la violencia de género y la marginalidad, con perspectivas que conectan lo íntimo y lo social.

Ovación y división de opiniones

La función en San Sebastián terminó con una ovación de largos minutos. Antes, el escritor Stephen King se había declarado fan de la serie, un espaldarazo no menor para una producción que mezcla terror y drama. Pero la crítica internacional no fue unánime. La Vanguardia dijo que Larraín dividió a la audiencia y advirtió que la protagonista “se cruza con mujeres acosadas por sus exmaridos, adolescentes asesinadas por narcotraficantes, toxicómanos muertos de sobredosis, delincuentes linchados por los vecinos y personas incomprendidas que se suicidan”. Cinemanía, en cambio, elogió el relato construido a capas, la dirección visual adusta y gris, y la actuación “absolutamente sublime” de Mercedes Morán, a quien consideró como vehículo y catalizador narrativo, aguda en cada diálogo. Ese medio señaló que la serie exige compromiso, paciencia y pensamiento crítico, y la colocó en la categoría de “terror elevado”.

Fotogramas entregó un análisis mixto: reconoció que el director entiende las claves de la literatura de Enriquez, como el terror desde lo cotidiano con perspectiva de clase, pero señaló que todo no termina de cristalizar en una serie consistente. Aun así, valoró los temas del duelo y la insignificancia del individuo en sistemas capitalistas periféricos. Otros Cines, por su parte, destacó que la producción se desmarca de los clichés de Netflix y presenta personajes que no buscan empatía fácil, además de invitarnos a un universo de relaciones tóxicas, violencia sistémica y climas enrarecidos. Micropsia la definió como narrativamente irregular pero efectiva para retratar la convivencia entre vida y muerte.

Larraín y el gobierno de Kast

En la conferencia de prensa posterior a la proyección, Larraín también habló de temas locales. Se refirió a la muerte del documentalista Patricio Guzmán y arremetió contra el gobierno de José Antonio Kast: “El gobierno y el Estado de Chile decidieron ignorar totalmente su figura, su muerte, su obra”, dijo, y agregó que eso revela “desidia, desprecio e infinita ignorancia”. El Ministerio de las Culturas solo lamentó el deceso en redes sociales, pero no hubo duelo nacional, una decisión que ya generaba críticas antes de que el director la pusiera en la palestra.

Con estos ingredientes, Mis muertos tristes llega hoy a Netflix. El público chileno podrá verla directamente en la plataforma y juzgar por sí mismo si la división de opiniones tiene sentido. Lo que queda claro es que Larraín sigue generando debate, tanto con su obra como con sus palabras fuera de cámara.

Con información de La Tercera · Culto

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