Thirteenth Step: cómo A Perfect Circle convirtió la adicción en un clásico del rock alternativo
El segundo disco de la banda, lanzado en septiembre de 2003, sigue siendo un viaje sonoro a las profundidades de la dependencia y la redención.
En septiembre de 2003, A Perfect Circle publicó su segundo álbum, Thirteenth Step, y desde entonces se ganó un lugar fijo en la memoria de los fanáticos del rock alternativo. Aunque el debut Mer de Noms (2000) ya había mostrado el potencial de la dupla Billy Howerdel y Maynard James Keenan, este disco llevó la propuesta a otro nivel. Para la crítica y el público, sigue siendo su obra más redonda, una que no repitió la inmediatez de canciones como “Judith” sino que se sumergió en un concepto único: la adicción, la codependencia y el camino hacia la luz.
En Chile, el álbum llegó de la mano de la escena rockera que seguía a Tool y a The Smashing Pumpkins, consolidando a A Perfect Circle como un referente. No hubo gira local ni lanzamiento especial, pero las canciones se replicaron en radios universitarias y en las playlist de quienes buscaban letras con densidad emocional. Hasta hoy, Thirteenth Step es uno de esos discos que se revisita cuando se quiere sentir algo más que un riff pegajoso.
Cambios de formación y nuevas texturas
Llegar a la gestación del disco no fue fácil. La bajista y violinista Paz Lenchantin, pieza clave en la primera etapa, dejó la banda para unirse a Zwan. Sin embargo, alcanzó a dejar su huella en los arreglos de cuerdas de “Gravity”, el tema de cierre. Su reemplazo fue Jeordie White, más conocido como Twiggy Ramirez por su trabajo en Marilyn Manson. Además, el guitarrista Troy Van Leeuwen se fue para integrarse a Queens of the Stone Age, y en su lugar entró James Iha, fundador de The Smashing Pumpkins. Así quedó un ensamble donde las texturas ambientales y los pasajes melancólicos pesaron más que la velocidad.
Esta alineación le dio a Thirteenth Step un sonido más contenido, con capas de guitarras etéreas y un bajo denso. Howerdel se encargó de la producción milimétrica, mientras Keenan construía letras que no juzgaban, sino que exploraban la adicción desde adentro y desde afuera.
El viaje de doce pasos (y uno más)
El título del álbum alude directamente al programa de recuperación de doce pasos usado en centros de rehabilitación. El hipotético “decimotercer paso” se asocia a la recaída o al abuso de poder sobre alguien vulnerable. Keenan usó esa metáfora para escribir algunas de sus letras más desoladoras y lúcidas: canciones que hablan tanto de quien cae en la sustancia como de quien observa impotente la autodestrucción ajena.
El disco se balancea entre la contención y la catarsis. “Weak and Powerless”, el primer sencillo, sintetiza la esencia con arpegios hipnóticos y una voz que describe la resignación ante la debilidad interna. En el otro extremo, “The Outsider” es una bofetada de agresión pura, canalizando la ira y la incomprensión de quienes miran las adicciones sin empatía. Joyas como “The Package”, “Blue”, “The Noose” y la reinvención de “The Nurse Who Loved Me” (original de Failure) completan un viaje donde cada compás carga una urgencia existencial.
Thirteenth Step no ofrece respuestas fáciles. A través de una atmósfera cargada de niebla y pesadez, A Perfect Circle demostró que la fuerza del rock alternativo no está en el volumen, sino en el valor de mirar de frente a los propios demonios. Para los oyentes chilenos, sigue siendo un disco que invita a dar esos pasos, uno tras otro, hacia la luz.
Con información de Radio Futuro