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Patricio Guzmán: el cronista de Chile que llevó la memoria al mundo

El documentalista falleció en París a los 85 años, dejando obras clave como La batalla de Chile y Nostalgia de la luz.

Patricio Guzmán: el cronista de Chile que llevó la memoria al mundo
Vía La Tercera · Culto

Con la muerte de Patricio Guzmán este martes en París, a los 85 años, Chile pierde a uno de los cineastas que mejor capturó su historia política reciente. El realizador, que residía en Francia desde hace décadas, construyó una filmografía obsesionada con la memoria del país, desde El primer año (1972) hasta su último largometraje, Mi país imaginario (2022). Pese a las ofertas para filmar en otros continentes, nunca quiso alejarse del tema chileno, como declaró en 2021 a Culto.

La batalla de Chile, un cometa que cruzó el mundo

Su obra más conocida, La batalla de Chile (1975-1979), no solo marcó a generaciones en Chile —donde circuló de forma clandestina durante la dictadura— sino que también impactó a cineastas de otros países. La productora chilena Isabel Orellana recuerda que en el Festival de Mar del Plata de 2013, el director surcoreano Bong Joon-ho —años antes de triunfar con Parasite— le habló emocionado de ese documental. “En su cine se nota esa huella, donde es la lucha de clases el motor del conflicto dramático”, señala Orellana.

El director y guionista René Ballesteros, que vio La batalla de Chile en una función en Temuco en los 90, lo describe como “un remezón, como mirar las capas geológicas bajo las ruinas de esos años”. Desde Nantes, donde vive, agrega: “Fue como ver un cometa en medio de la noche de Temuco. Si uno ve un cometa una vez en la vida, eso no se olvida nunca”.

El formador de nuevas generaciones

Más allá de sus películas, Guzmán dejó una huella como maestro. Cristóbal Valenzuela, director de Robar a Rodin (2017), destaca los seminarios de cine documental que Guzmán dictó, sobre todo a través del Festival Internacional de Documentales de Santiago (Fidocs), fundado por él en 1997. “Fue muy generoso con sus conocimientos y experiencias. Marcó sin duda a varias generaciones de documentalistas, entre las que me sumo”, dice Valenzuela.

Sebastián Moreno, que trabajó con Guzmán en Chile, la memoria obstinada (1997), valora cómo el director instaló la subjetividad como un argumento mayor del documental. “Nos dio confianza para pensar: este también es un camino posible”, plantea Moreno. Esa misma subjetividad brilló en la trilogía que arrancó con Nostalgia de la luz (2010), donde conectó astrónomos del Desierto de Atacama con mujeres que buscan a sus familiares detenidos desaparecidos.

Con la partida de Guzmán, Chile pierde a uno de los últimos cineastas de la oleada de fines de los 60 y principios de los 70, y al autor de uno de los mejores documentales políticos de la historia. Pero deja un legado que -como el cometa que vio Ballesteros- no se olvida.

Con información de La Tercera · Culto

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