Basura electrónica bate récord con 62 millones de toneladas anuales
Un informe de la ONU cifra en 62 millones de toneladas la chatarra electrónica del planeta; para 2030 proyecta 82 millones.
El planeta acaba de marcar un récord incómodo en materia de residuos: la basura electrónica alcanzó las 62 millones de toneladas en un solo año. El Global E-waste Monitor, elaborado por UNITAR y la UIT con el respaldo de la ONU, calcula que son 62.000 millones de kilos de aparatos desechados, lo que equivale a 7,8 kilos por persona en el mundo.
La cifra es global; los datos citados no desglosan la realidad chilena. Aun así, la alerta es cercana: cualquier teléfono, computador o electrodoméstico que se deja de usar en una casa chilena entra en esta categoría. Y las proyecciones tampoco dan tregua: para 2030 se esperan 82 millones de toneladas anuales, un 32% más que el registro actual.
Qué es un residuo electrónico y por qué contamina
Se considera residuo electrónico a todo aparato que funcione con corriente o baterías y que deje de utilizarse. Sus plásticos muchas veces terminan en ríos y mares, y el interior de los equipos contiene sustancias nocivas como fósforo, mercurio, cadmio y bromo; sin un manejo adecuado, afectan la salud humana y el medio ambiente.
La Fundación Aquae entrega dos ejemplos para dimensionar el peligro. Un refrigerador mal reciclado emite gases de efecto invernadero equivalentes a un auto en un trayecto de 15.000 kilómetros. El fósforo de un televisor, en tanto, puede contaminar hasta 80.000 litros de agua.
Metales que se pueden recuperar
La chatarra electrónica también contiene materiales con valor económico: cobre, oro, plata y aluminio. Recuperar cobre, según la Fundación Aquae, consume 10% menos energía que extraerlo desde la naturaleza y genera 98% menos desechos. Además, cerca del 70% de cada dispositivo puede convertirse en materias primas reutilizables mediante separación mecánica.
Para reducir la generación de estos residuos, la primera recomendación es frenar la compra innecesaria. Antes de adquirir un equipo nuevo, conviene evaluar si el actual se puede reparar, actualizar su software o seguir funcionando con un mantenimiento adecuado. También conviene elegir productos duraderos, con repuestos disponibles y marcas que usen materiales reciclados.
Si el aparato funciona pero no se usa, se puede donar a una escuela, ONG o persona que lo necesite. En el desecho final, nunca debe ir a la basura común, porque las sustancias tóxicas se filtran a las napas freáticas. La salida son los puntos limpios, depósitos autorizados o los programas trade-in, donde las empresas reciben el equipo viejo a cambio de descuentos.
Las pilas y baterías merecen un manejo aparte: las de litio, plomo o níquel-cadmio son peligrosas y pueden causar contaminación o incendios. Antes de entregar un computador o teléfono a reciclaje, además, hay que borrar la información personal almacenada.
Qué hay detrás del reciclaje formal
El informe menciona el caso de España, donde la Fundación Ecolec gestiona residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, pilas y acumuladores. Esa entidad sin fines de lucro nació a partir del Real Decreto 2008/2005, que reguló estos residuos, y está integrada por asociaciones empresariales de fabricantes e importadores de electrodomésticos.
En Chile, como no hay una cifra local en los datos citados, la forma concreta de aportar es revisar si en la comuna hay puntos limpios o campañas de recolección antes de botar un aparato. La lógica es simple: un residuo electrónico bien gestionado se convierte en materia prima y no en un problema ambiental.
Con información de Infobae Tecno