El poder de la red: el drama de Facebook según Aaron Sorkin que no logra salir del escritorio
La nueva película del guionista de La red social expone los escándalos de Meta, pero su dirección opaca el talento de su elenco.
Aaron Sorkin volvió a poner a Mark Zuckerberg en el centro de la polémica, pero esta vez desde la silla del director. El poder de la red —que se estrenó hace algunas semanas en plataformas de streaming— reconstruye el período entre 2019 y 2021 en que la ingeniera de datos Frances Haugen filtró documentos internos de Facebook. La cinta muestra cómo los ejecutivos de la compañía desestimaron los efectos nocivos de sus plataformas en adolescentes, la proliferación de discursos de odio y la desinformación que alimentó el asalto al Capitolio de enero de 2021. Todo por priorizar ganancias y métricas de engagement.
Tres actores en la cresta, pero el director los frena
El elenco reúne a tres figuras que hoy están en su mejor momento. Mikey Madison —protagonista de Anora— interpreta a Frances Haugen, la joven ingeniera que decide revelar los problemas internos de Facebook. Jeremy Allen White, el chef estrella de El Oso, encarna al periodista Jeff Horwitz, quien publicó las filtraciones en The Wall Street Journal. Y Jeremy Strong, el Kendall Roy de Succession, se mete en la piel de un Mark Zuckerberg robotizado, incapaz de conectar con otros seres humanos. Los tres tienen peso dramático, pero el guion los obliga a recitar información más que a vivirla.
El principal problema de la película es que Sorkin usa bencina de menor octanaje en la dirección comparada con el combustible premium de su escritura. No es un realizador nato y eso se nota: los personajes hablan a borbotones, se mueven como leones enjaulados, pero la cámara no logra traducir esa energía en tensión visual. La fórmula funciona cuando detrás hay un director que recuerda a los actores que, además de soltar reflexiones, hay que actuar. Aquí falta ese pulso.
Un David contra Goliat sin matices
La película porta un idealismo a lo David contra Goliat, pero carece de los matices que tuvo La red social (2010), la cinta que Sorkin escribió y que David Fincher llevó al cine con maestría. En El poder de la red, los personajes tienden a tener las dimensiones de una pintura rupestre: los buenos son muy buenos y los malos, caricaturescos. Zuckerberg aparece como un villano de opereta, y aunque Jeremy Strong provoca algunas risas con su interpretación, se nota que Sorkin aborrece al personaje real.
Mikey Madison es lo más rescatable. Su Frances Haugen habla menos que el periodista y es en esos silencios, libres de la verborrea del guion, donde el personaje gana intensidad y dimensiones. Jeremy Allen White, en cambio, queda como el eslabón más débil: su periodista sabueso evoca a Bernstein y Woodward en Todos los hombres del presidente, pero sin la garra necesaria.
Para el público chileno, la historia tiene eco directo. Los escándalos de Meta no son un problema lejano: la desinformación sobre vacunas y la radicalización política también golpearon fuerte en Chile durante el estallido social y la pandemia. La película retrata justo ese período crítico, aunque lo hace sin la profundidad que el tema merece. Si se trata de informar, conviene más leer los reportajes originales del Wall Street Journal. La nobleza de El poder de la red es indiscutible, pero queda atrapada en un guion que no logra saltar del papel a la pantalla.
Con información de La Tercera · Culto