Regresa a las librerías el true crime de Alfonso Alcalde sobre los sicópatas de Viña
La Pollera reúne en un volumen los tres minilibros que Alfonso Alcalde publicó entre 1984 y 1985.
Cuando Alfonso Alcalde vio la noticia de los crímenes de Viña del Mar, tuvo una corazonada: ahí había un libro. El poeta chileno no llegaba como outsider: había sido colaborador de El Sur, Ercilla y Vistazo, jefe de prensa de radio Bío Bío en Concepción y profesor de Periodismo en la Universidad de Concepción. Esa mezcla de oficio lo hizo partir a la ciudad jardín a reportear, conversar con testigos, víctimas sobrevivientes, abogados, uniformados, astrólogos y brujos. También habló con los propios acusados antes de que enfrentaran la muerte: los excarabineros Jorge Sagredo Pizarro y Carlos Topp Collins.
De los quioscos a una sola edición
Con ese material escribió Los sicópatas de Viña del Mar. El club del crimen. Fueron tres minilibros que circularon entre 1984 y 1985 en los quioscos, y la serie se convirtió en un éxito: se calcula que vendió 90 mil ejemplares en conjunto. El último apareció pocos días antes del fusilamiento de los condenados, el 29 de enero de 1985. Ahora, La Pollera los reúne en un solo libro.
La reedición nació de un hallazgo del editor Daniel Campusano. Tras leer la antología Vecino, preparada por Vicente Undurraga para Lumen, Campusano buscó los facsímiles originales en Mercado Libre y le pidió a su jefe que los comprara. “Acá había que hacer algo”, recuerda. El proyecto consiguió un fondo público, sumó la colaboración de Hilario, hijo de Alcalde, y encargó el diseño interior a Pablo Martínez.
True crime con pluma de poeta
Campusano define el texto como un ornitorrinco, usando un concepto de Juan Villoro sobre la crónica bien lograda. En sus páginas conviven la crónica periodística, el reportaje novelado, la literatura de investigación y el true crime. Para el editor, Alcalde demuestra una capacidad de escenificación notable: sabe cuándo entrar y sacar personajes, cuándo dejar espacio para el siguiente cuadro y cómo ecualizar las voces. La otra cara viene de su lado poeta: fluidez, ausencia de ripio y una oreja fina para montar el relato.
El caso estuvo rodeado de una enorme mediatización: las investigaciones se pasaban por televisión y copaban titulares. Había versiones contradictorias, escenas incompletas y una nube de rumores, incluida la sospecha de una red de poder detrás de los dos condenados, el llamado Club del Crimen. Alcalde no resuelve el enigma con una tesis cerrada. Deja la pelota botando, muestra y no explica de más, y se atreve a armar su propio montaje con las piezas que encontró.
Según Campusano, a Alcalde no le calzaba la determinación judicial: piensa que los dos excarabineros no actuaron solos y que el caso tenía una articulación mayor. Pero nunca señala culpables con nombre y apellido. Como concluye el editor, no se puede hacer spoiler del final.
Con información de La Tercera · Culto