Exjefe de seguridad de Anthropic renuncia y advierte: “Podría matar a todos los humanos” antes de 2036
Jacob Coxon, de 27 años, dejó OpenAI y Anthropic; un alto ejecutivo reconoce un 10% de probabilidad de extinción humana esta década.
El mundo de la inteligencia artificial volvió a temblar con la renuncia de Jacob Coxon, un investigador británico de 27 años que trabajó en preentrenamiento de modelos masivos tanto en OpenAI como en Anthropic. Su salida, anunciada el 9 de septiembre de 2026 en su cuenta de X, no fue una despedida tranquila: venía con una advertencia apocalíptica y críticas directas a la forma en que ambas empresas están manejando el desarrollo de la IA.
Coxon asegura que ninguna de las dos compañías actúa con responsabilidad. “Se lanzan en una carrera hacia la superinteligencia auto-mejorada y juegan con nuestras vidas”, escribió. Para el investigador, las capacidades actuales están a punto de superar la supervisión humana en muy poco tiempo. “Pronto se convertirán en sistemas sobrehumanos capaces de hackear cualquier cosa, revolucionar cualquier campo de la noche a la mañana y adquirir poder y recursos reales”, advirtió.
La pelea interna que se hizo pública
El debate subió de tono cuando Evan Hubinger, máximo responsable de un equipo de seguridad en Anthropic, validó los temores de Coxon. Hubinger reconoció que la propia empresa calcula más de un 10% de probabilidad de que la humanidad se extinga en la próxima década a causa de la IA. “Quienes desarrollan la IA creen firmemente que podría acabar con todos nosotros para finales de la década. Esto no es una estrategia de marketing”, destacó Coxon, refiriéndose a conversaciones privadas entre ejecutivos.
Para el exinvestigador, ingresar a esta etapa decisiva es “una apuesta temeraria que no debería emprenderse desde el Slack de una empresa privada”. Criticó que los laboratorios priorizan llegar primero antes que garantizar la seguridad, y comparó la gestión de ambos lugares: en OpenAI, dijo, muchos profesionales no asimilaron las consecuencias para la civilización; en Anthropic, entienden el peligro pero siguen atrapados en una competencia feroz.
¿Qué tiene que ver esto con Chile?
La discusión puede sonar lejana —ocurre entre ingenieros en San Francisco— pero el impacto de una inteligencia artificial descontrolada no respeta fronteras. Si un sistema así escapa al control humano, sus efectos serían globales. Por eso, lo que plantea Coxon no es solo un problema de Silicon Valley: es una señal de alerta para todos, incluidos los chilenos que cada vez usan más herramientas de IA en su día a día.
“¿Quieres iniciar una carrera de aprendizaje por refuerzo superinteligente sin una comprensión rigurosa de su funcionamiento?”, preguntó Coxon a sus excolegas. En una entrevista con The Wall Street Journal, sostuvo que es insensato que decisiones de impacto global se tomen en los computadores de un grupo de ingenieros. A su juicio, el proceso debería manejarse con la máxima reserva y aislamiento, similar al histórico Proyecto Manhattan.
La renuncia de Coxon y la validación de Hubinger han reabierto el debate sobre si la industria de la IA está jugando con fuego. Mientras tanto, el reloj sigue corriendo: esta década, según los propios cálculos de Anthropic, podría ser la última para la humanidad si no se cambia el rumbo.
Con información de Rock & Pop