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Orquesta Usach – Rameau / Solovera / Mendelssohn
Víctor Jara
Víctor Jara (1932-1973) fue un músico, cantautor, profesor y director de teatro chileno, figura central de la Nueva Canción Chilena y referente internacional de la canción de protesta. Su obra fusionó raíces folclóricas con compromiso social, destacando en temas como 'Te recuerdo Amanda' y 'El derecho de vivir en paz'. Tras el golpe de Estado de 1973, fue detenido, torturado y asesinado en el Estadio Chile, convertido hoy en símbolo de la lucha por los derechos humanos.
Víctor Lidio Jara Martínez nació en San Ignacio, Lonquén, el 28 de septiembre de 1932, en una familia campesina. Su infancia estuvo marcada por la pobreza y el trabajo temprano, pero también por la música y el canto popular que escuchaba en su entorno. Tras la muerte de su madre, ingresó al seminario, donde descubrió su vocación artística. Posteriormente estudió teatro en la Universidad de Chile, formándose como actor y director, lo que amplió su mirada sobre el arte como herramienta de transformación social.
Trayectoria artística y Nueva Canción
Durante la década de 1960, Jara se consolidó como uno de los pilares de la Nueva Canción Chilena, movimiento que renovó el folclor con contenido social y político. Como director del grupo Quilapayún, aportó una puesta en escena teatral y un compromiso militante. Sus propias composiciones, como ‘Plegaria a un labrador’, ‘Manifiesto’ y ‘Te recuerdo Amanda’, se convirtieron en himnos de la izquierda latinoamericana. Su música, arraigada en la cueca y el canto a lo poeta, también incorporó influencias de la trova y la canción de autor. Paralelamente, desarrolló una carrera como director teatral, estrenando obras que abordaban la realidad chilena y la lucha de clases.
Golpe, detención y legado
El 11 de septiembre de 1973, el golpe de Estado encabezado por Augusto Pinochet derrocó al gobierno de Salvador Allende. Jara, militante del Partido Comunista, fue detenido al día siguiente en la Universidad Técnica del Estado, donde trabajaba. Fue llevado al Estadio Chile, donde sufrió torturas y golpizas brutales. Sus verdugos le quebraron las manos y lo obligaron a tocar la guitarra en medio de la burla. Cuatro días después, fue asesinado con más de cuarenta disparos. Su cuerpo fue hallado en una fosa común y, con el retorno de la democracia, el estadio fue rebautizado como Estadio Víctor Jara. Hoy, su figura es un ícono de la resistencia y la memoria, y su música sigue interpretándose en todo el mundo como grito de justicia.







