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El magazine de la cultura pop chilena Santiago Dom 4 Oct 2026
Música

Roberto Bravo presenta Viaje Musical, de Bach a Piazzolla, en el Teatro CA660

La función será el 9 de octubre en el Teatro CA660 con la soprano Andrea Cárdenas y la violinista Montserrat Prieto.

Roberto Bravo presenta Viaje Musical, de Bach a Piazzolla, en el Teatro CA660
Vía La Tercera · Culto

Roberto Bravo tiene 83 años y una historia que cruza varias cimas de la cultura chilena. Ha tratado con Claudio Arrau, Víctor Jara, Nicanor Parra y Pablo Neruda, y asegura que de todos tomó algo para su obra. Este viernes 9 de octubre, a las 20.00 horas, volverá a tocar en Santiago con el espectáculo Viaje Musical, de Bach a Piazzolla, en el Teatro CA660 de la Fundación CorpArtes, acompañado por la soprano Andrea Cárdenas y la violinista Montserrat Prieto.

El nombre del show sintetiza su arco musical. Parte en Bach, porque, como dice Bravo, “la vida para nosotros comienza en Bach”.

Asegura que al compositor alemán se vuelve por la espiritualidad, por su mensaje de paz y consuelo, y que en tiempos donde el mundo va peor se necesita más Bach, no menos. El cierre es Astor Piazzolla, uno de sus compositores favoritos. En el camino, el programa deja espacio para Franz Schubert y Ryūichi Sakamoto.

Bravo dice que arma estos cruces como un actor: hay que vivir distintos papeles, cambiarse de ropa y entrar en otra energía. Por eso reordenó el concierto cuando se dio cuenta de que las danzas alemanas de Schubert no podían sonar después de una declaración de amor de Richard Strauss.

Amplio repertorio, misma convicción

No es novedad que Bravo se mueva entre mundos. En su repertorio conviven Tchaikovsky y Rachmaninoff con Joe Hisaishi, la música de Toy Story y Michael Jackson.

Esa amplitud, admite, pudo jugarle como un bumerán en su postulación al último Premio Nacional de Música: un galardón tradicionalmente inclinado hacia lo docto, donde su elasticidad con géneros masivos pudo ser vista como un pecado. Pero dice que su horizonte está resuelto hace décadas y que sigue sin transar.

El trueque con Víctor Jara

Uno de los capítulos que más lo marcó ocurrió en Lima. Bravo estaba en Londres y viajó a tocar con la Sinfónica. Esa noche le dijeron que había un chileno en el Teatro Municipal: era Víctor Jara, con un poncho negro, cantando Luchín. “De ahí para adelante me enamoré de su música”, cuenta.

Después se reencontraron en Santiago, en un concierto que nunca se hizo porque el piano no llegó al Instituto Chileno Alemán por la huelga de camiones. Bravo lo llevó a la casa de su madre, en La Reina, donde Jara propuso un trueque: él cantaría —Luchín, Te recuerdo Amanda, Plegaria a un labrador y El derecho de vivir en paz— y Bravo tocaría un fragmento de Cuadros de una exposición, de Mussorgsky.

Fue una despedida con abrazo grande, de dos personas que se reconocieron en el mismo camino. Bravo estaba en Londres cuando supo del asesinato de Jara y desde entonces incorporó la música de Víctor a sus presentaciones.

La galería de encuentros no termina ahí. De Nicanor Parra dice que era un “tremendo caballero”, y Claudio Arrau y Pablo Neruda también se cuentan entre esos hitos. Todos, en su relato, le dejaron algo.

Con información de La Tercera · Culto

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