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El magazine de la cultura pop chilena Santiago Dom 11 Oct 2026
Música

Miriam Bianchi: la vida de Gilda antes de convertirse en un ícono de la música tropical

Mucho antes de que miles corearan su nombre en Chile, Gilda fue Miriam, una niña que jugaba a ser cantante con un palo pintado de dorado.

Miriam Bianchi: la vida de Gilda antes de convertirse en un ícono de la música tropical
Foto: Roberto Fiadone / Wikimedia Commons (CC BY 4.0) · Fuente

Antes de que su nombre se coreara en las pistas de baile chilenas y sus canciones se grabaran en la memoria de varias generaciones, existió una mujer de vida muy distinta a la de la cantante que conquistó los escenarios. La historia de Gilda empieza mucho antes de la cumbia, en un patio de Villa Devoto, Buenos Aires.

La infancia de Miriam: juegos, familia y un micrófono de palo

Miriam Alejandra Bianchi nació el 11 de octubre de 1961 en Villa Devoto. Era la hija mayor de Omar, empleado público, e Isabel, profesora de piano. Creció con su hermano menor, Omar, en la casa de su abuela, una típica vivienda tipo chorizo con un gran patio que marcó sus primeros recuerdos.

En ese patio, la imaginación de Miriam volaba. Usaba la ropa vieja de su madre y su abuela para disfrazarse y convertirse en las cantantes que admiraba. Su padre le construyó un micrófono con un palo pintado de dorado. Con eso, ella hacía fonomímica y actuaba, imaginando un público que años después sería real.

Su veta artística no se limitaba al juego. Disfrutaba de la danza clásica y española. Incluso se acercaba a los ensayos de la orquesta de Tito Alberti (el padre de Charly Alberti, baterista de Soda Stereo) para acompañar con una pandereta. Sin embargo, en su casa esa facilidad no se transformó en formación profesional. Las obligaciones de la vida la llevarían por otro camino.

Mudanzas, escuela y el peso de la enfermedad

Su infancia también tuvo cambios bruscos. Cursó la primaria en un colegio de monjas hasta sexto grado, pero la situación laboral de su padre obligó a la familia a mudarse a Villa Lugano. Pasó a una escuela mixta, después de años en un ambiente solo de mujeres. Era una alumna tan adelantada que se salteó grados, compartiendo aula con chicos mayores.

La educación religiosa fue rígida, cargada de referencias al pecado, el cielo y el infierno. Miriam recordaba los ángeles feos pintados en la iglesia y el catecismo que amenazaba con el diablo. Ella entendió que no quería ir ni para arriba ni para abajo. Con el tiempo, creyó en Dios y en Jesús, pero perdió la fe en las instituciones.

Un hecho marcó su adolescencia: la enfermedad de su padre. Omar Bianchi sufrió dos accidentes cerebrovasculares que lo dejaron con hemiplejia siendo joven. La dinámica familiar cambió por completo. Hubo que trabajar, sostener la casa y convivir con la enfermedad. A eso se sumaron los problemas de salud de su abuela y las dificultades económicas.

Miriam creció entendiendo que el trabajo y el estudio no podían postergarse. Terminar sus estudios y conseguir una profesión era su forma de construir un futuro propio. La música, mientras tanto, no desapareció, pero tampoco tenía un lugar claro. Sus gustos estaban lejos de la música tropical que la haría famosa: escuchaba Sui Generis, Bob Marley y artistas extranjeros.

El primer amor, la maternidad y el descubrimiento de su voz

A los 18 años conoció a Raúl Cagnin, su primer amor, y se casó. De la relación nacieron sus dos hijos, Mariel y Fabricio, que ocuparían un lugar central en su vida. La maternidad llegó mientras Miriam construía una existencia ligada al trabajo y la familia, sin imaginar aún el giro que tomaría su historia.

Eligió la docencia. Se formó como maestra jardinera y profesora de Educación Física. Incluso puso un jardín de infantes con su madre en la casa familiar. Durante años, su mundo fueron los chicos, las aulas y los actos escolares. Y fue precisamente en la escuela donde empezó a cantar frente a otras personas.

Miriam tenía una facilidad especial para organizar festivales escolares. Preparaba obras de teatro, dirigía a los alumnos y convertía cada acto en una puesta en escena. Su voz se hizo conocida entre los chicos, los padres y los docentes. La escuela se transformó en el espacio donde pudo desarrollar, sin saberlo, la faceta que la llevaría a ser Gilda.

Con información de Infobae Teleshow

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