Messi, el Indio y El Cóndor: los tres guiños de Fatboy Slim en Buenos Aires
El pionero del big beat, de 63 años, armó diez títulos que suenan a veinte: de Underworld y Radiohead al cierre con los Beatles, y tres guiños argentinos de condimento.
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Diez títulos en una hora y cincuenta y cinco minutos. La cuenta, que en cualquier otro show sería un problema, es la clave de lo que ocurrió el sábado 5 de septiembre en el Movistar Arena: los diez títulos de Fatboy Slim suenan a veinte. El británico no toca canciones, las encima unas sobre otras, y su set ante más de 10.000 personas fue un ejercicio de esa aritmética rara en la que dos himnos ajenos y uno propio caben en el mismo tramo de cuatro minutos.

De Quentin a Norman, y de la batería al sampler
Conviene recordar de dónde sale este señor de camisa floreada, porque explica todo lo demás. Quentin Leo Cook nació en Bromley el 31 de julio de 1963 —tiene 63 años—, se crió en Reigate y abandonó el «Quentin» por «Norman» mucho antes de inventarse el seudónimo con el que lo conoce el mundo entero.
Empezó tocando la batería en una banda de new wave, siguió de vocalista, y a los 18 llegó a la Universidad de Brighton, donde pinchaba en los clubes como DJ Quentox. En 1985 se mudó a Hull para ser el bajista de The Housemartins, la banda indie de su amigo Paul Heaton: dos discos en el Top 10 británico y el número uno en la Navidad de 1986 con «Caravan of Love». Cuando el grupo se deshizo en 1988, volvió a Brighton.
Y ahí, con Beats International, ocurrió el episodio que define su oficio entero. Su single «Dub Be Good to Me» fue número uno en 1990 y también un problema judicial: el bajo reproducía nota por nota «The Guns of Brixton», de The Clash, y la letra venía de «Just Be Good to Me», de The S.O.S. Band. Cook perdió la causa y fue condenado a pagar dos veces los derechos generados por el álbum. El hombre que hace música con música de otros pagando por hacer música con música de otros: no hay mejor resumen de su carrera.
Después llegaron los alias —Freak Power, cuya «Turn On, Tune In, Cop Out» acabó en un anuncio de Levi’s; Pizzaman, con tres singles en el Top 40; Mighty Dub Katz—, hasta que en 1996 adoptó el nombre de Fatboy Slim, fichó por Skint Records y se juntó con el ingeniero Simon Thornton, con quien sigue trabajando. De ahí salieron Better Living Through Chemistry, You’ve Come a Long Way, Baby —el de «The Rockafeller Skank»— y Halfway Between the Gutter and the Stars.
Junto a The Prodigy y The Chemical Brothers, el de Brighton está considerado uno de los tres pioneros del big beat: esa rama noventera que cruzaba breakbeats de hip hop con guitarras de rock y rhythm and blues, y que durante una década fue la cara más gamberra de la electrónica británica.
El setlist completo del Movistar Arena
Esto fue lo que sonó, en orden, entre las 22:00 y las 23:55:
- Bus Stop Please
- Rock the Funky Beat / Go
- Born Slippy (Nuxx) [Underworld] / Mr. Brightside [The Killers]
- Everything in Its Right Place [Radiohead]
- Right Here, Right Now / Smells Like Teen Spirit [Nirvana]
- Un encuentro con un ángel amateur [Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado]
- Eat Sleep Rave Repeat
- Praise You
- The Rockafeller Skank / (I Can’t Get No) Satisfaction / Day Tripper / Blitzkrieg Bop
- The End [The Beatles]
El primer sacudón real llegó en el tercer puesto, con el himno de Underworld que quedó pegado para siempre a Trainspotting montado sobre el de The Killers: dos anthems de generaciones distintas —1996 y 2003— cosidos como si hubieran nacido juntos, y el Arena cantando los dos a la vez.
Después vino el momento más raro de la noche y también el más interesante: «Everything in Its Right Place» es exactamente lo contrario de una canción de fiesta, y meter ese teclado helado de Radiohead en medio de un set de baile es la clase de riesgo que un DJ de festival no suele correr.

De ahí en adelante fue cuesta abajo y a favor. «Right Here, Right Now» apareció sosteniendo por debajo a «Smells Like Teen Spirit», y el bloque central lo ocuparon sus propios himnos: «Eat Sleep Rave Repeat» y «Praise You», que a estas alturas funciona menos como tema de club que como cancionero popular.
El penúltimo puesto fue la declaración de principios. «The Rockafeller Skank» —el tema que en 1998 lo convirtió en un nombre de casa— desarmado y rearmado con los Rolling Stones, los Beatles y los Ramones: cuatro décadas de música popular dentro de una sola pista. Y cerró con «The End», el corte que remata Abbey Road. No es un tema de baile ni pretende serlo: es un final, y elegirlo para despedirse a las 23:55 dice más sobre cómo entiende un show este productor de 63 años que cualquier nota de prensa.
Los condimentos argentinos
Sobre esa estructura, tres guiños locales que se llevaron los titulares de la semana. El más serio ocupó el sexto lugar del set, en pleno centro y no como bis: la versión electrónica de «Un encuentro con un ángel amateur», a tres meses de la muerte del Indio Solari —falleció el 5 de junio—.

Mientras sonaba, entre las imágenes del Indio apareció Messi, que el 31 de agosto —a 43 días de la final del Mundial perdida ante España— había anunciado su retiro de la Selección. El cruce no era decorativo: tras la muerte del cantante, el propio Messi había usado esa misma canción para musicalizar una publicación sobre la Selección. El DJ repuso un gesto que los argentinos ya habían visto hacer al futbolista.

El tercero fue puro juego. Dos días antes, en el programa Todo Pasa de Urbana Play 104.3, el periodista Clemente Cancela le mostró el viejo comercial de la empresa de ómnibus El Cóndor: Norbert Degoas, el locutor marplatense, bailando con sus anteojos de sol mientras encadenaba «Buenos Aires… El Cóndor… Mar del Plata». «Le encantó», resumió Cancela. Cuando alguien le dijo, medio en broma, que las visuales de Degoas eran mejores que las de su propio show, Norman contestó: «Cuidado con lo que deseás, amigo». Cuarenta y ocho horas después el jingle sonaba remixado en el Movistar Arena.
Degoas murió en 2013 y lleva años en una segunda vida digital, viralizado en TikTok e Instagram. Entre el público estaba Arianna Degoas, su hija, que autorizó el uso del material: la voz de su padre volvió a sonar frente a un estadio lleno, más de una década después.
Cuarenta años haciendo lo mismo
Lo demás fue puesta en escena, y la tiene resuelta hace rato: cámaras apuntando al público para devolverle su propia cara ampliada, mensajes traducidos al castellano ocupando cada pantalla del recinto —«UN GANADOR», repetido en los aros y en las cintas LED— y, en la segunda hora, el pionero del big beat bajando de la cabina a la valla, entre la primera fila, con el Arena teñido de rojo.
La víspera había tocado al aire libre en el Club Hípico de Mendoza, en pleno Parque General San Martín, y dos días después seguiría camino a Río de Janeiro para Rock in Rio. Pero lo que quedó de esta noche no fueron los guiños, que son condimento: fue comprobar que el bajista de The Housemartins, cuarenta años después y con un juicio perdido de por medio, sigue tomando música de otros y volviéndola suya como si se le acabara de ocurrir.
¿Te lo perdiste? Revive el ending de su show 2026 en Buenos Aires
Repertorio verificado en setlist.fm. Con información de Infobae Teleshow y El Litoral.
Con información de Infobae Teleshow