María José Quintanilla llena recintos pero Viña 2027 la tendría fuera: el clasismo y la ranchera chilena en el debate
A pesar de agotar entradas en el Santander Arena, la cantante no estaría en la próxima edición del Festival.
María José Quintanilla viene de un exitazo: el 4 de octubre llenó el Santander Arena y tiene dos fechas más, el 13 y el 20, ya agotadas. Sin embargo, su nombre no aparece en los trascendidos para Viña 2027. No hay confirmación oficial, pero todo apunta a que la ranchera chilena más convocante del momento no estará en la Quinta Vergara.
Críticas que reviven el bullying clasista
En Alfombra Roja de Canal 13, la influencer Isidora Gaete dijo que Viña es una vitrina para proyectarse internacionalmente y que le haría bien a María José. Hasta ahí, es discutible. Pero después soltó lo de los «conciertitos municipales» como si fueran un escalón menor. Ahí el tono cambió.
María José nunca ha escondido sus raíces en Maipú ni su paso por un liceo municipal. En 2024, en el canal de YouTube «Mujeres que Suenan», contó cómo intentaron moldearle el vestuario y las maneras para que encajara en ciertos patrones. Ella no quiso. El problema no es la crítica, sino que su origen popular se convierta en motivo de descalificación.
La ranchera chilena casi no suena en Viña
Esto abre otra discusión: ¿qué lugar tiene la música popular chilena en el Festival? Los mariachis mexicanos han ido siempre, pero la ranchera chilena no. Los Hermanos Bustos tocaron en 2005, pero Los Charros de Lumaco y Zúmbale Primo nunca pisaron la Quinta Vergara. Tampoco Lucho Barrios, Adrián y Los Dados Negros, Zalo Reyes —que no volvió después de su show de 1983— ni Palmenia Pizarro, que recién fue invitada el 2001.
Parece que Viña privilegia versiones más estilizadas o internacionalizadas de la música popular —Charlie Zaa, Douglas, Américo— y deja fuera expresiones con arraigo nacional enorme. Llenar recintos con rancheras no vale menos que hacerlo con otros géneros.
Más temprano que tarde la veremos en Viña
La presión mediática alrededor de María José empieza a recordar lo que pasó con Mon Laferte y la Gaviota de Platino. Son casos distintos, pero en ambos la insistencia del público terminó siendo parte de la historia. Las negociaciones tienen sus reglas y no basta con la presión popular para que se cierre un acuerdo.
María José es una artista de talento indiscutible, querida por sus «parientes» —como llama a sus seguidores— y con una carrera sólida construida sin renunciar a su esencia. Quizás todavía haya que esperar para verla frente al Monstruo. Pero ella no necesita que Viña certifique el éxito que ya tiene en Chile. Lo que el Festival podría hacer es reconocer que ese éxito también merece un lugar en su escenario.
Con información de Fotech