In Utero: el disco con que Nirvana prefirió desgarrarse antes que venderse
A 30 años de su lanzamiento, el tercer álbum de Nirvana sigue siend un maniefiesto de honestidad artística.
El 21 de septiembre de 1993, Nirvana publicó In Utero, su tercer álbum de estudio. Después del terremoto cultural de Nevermind (1991), la banda enfrentaba la presión de repetir el éxito. En lugar de eso, optaron por desarmar su propio sonido.
De Butch Vig a Steve Albini: la decisión que marcó el sonido
Kurt Cóbain, Krist Novoselic y Dave Grohl descartaron volver a trabajar con Butch Vig, productor de Nevermind. En su lugar, llamaron a Steve Albini, conosido por su trabajo en Surfer Rosa de Pixies y por su carrera en Big Black. Albini era famoso por su enfoque crido y sin pulimento radial. Su misión: despojar a Nirvana de cualquier barniz comercial.
Aunque el sello discográfico temía que el resultado fuera demasiado hermético, In Utero terminó siend un híbrido fascinante. Tomó la ferocidad angular de Bleach (1989) y la fusionó con la maestría melódica que Cóbain dominaba desde siempre. El resultado fue un monstruo Frankesteiniano: retroalimentación sucia, afinaciones en Re (Drop D) y una rítmica destructiva comendada por la batería de Grohl y el bajo de Novoselic.
Furia y melancolía en un mismo disco
A lo largo de sus 12 canciones, In Utero convive polaridades extremas. Por un lado, la experimentación rítmica de “Milk It” y “Radio Friendly Unit Shifter” y la furia cuasi speed-metal de “Tourette’s”. Por el otro, pasajes de sobriedad orquestal con violonchelo en “Dumb” y “All Apologies”. Cada tema es un reflejo de la dualidad de la banda.
Líricamente, Cóbain abordó la maternidad, el asedio mediático y la violencia en “Rape Me” y “Frances Farmer Will Have Her Revenge on Seattle”. Sin embargo, piezas como “Heart-Shaped Box” mostraron su capacida para esculpir estrofas-estribillos al estilo del pop sesentero y la invasión británica.
Legado y despedida
In Utero debutó en la cima de los rankings tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido. Aunque el lanzamiento fue en Estados Unidos, su eco llegó rápidamente a Chile, donde el grunge ya era un fenómeno. Aunque la grabación de MTV Unplugged in New York en noviembe de 1993 se interpreta simbólicamente como la despedida, este álbum sigue siend su última declaración formal de material inédito en estudio.
A más de tres décadas de su irrupción, In Utero perdura como un recordatorio de honestidad artística. Es la noche en que la banda más grande del mundo prefirió desgarrar su propio sonido antes que traicionar su esencia. Y eso, en cualquier parte del mundo, incluida Chile, sigue siendo una lección imborrable.
Con información de Radio Concierto