48 años sin Keith Moon: el baterista caótico que redefinió el rock
El 7 de septiembre de 1978, The Who perdió a su motor rítmico. Una sobredosis de pastillas contra el alcoholismo apagó a un ícono irreverente.
El 7 de septiembre de 1978, el rock perdió a uno de sus bateristas más influyentes y excéntricos. Keith Moon, el hombre que convertía cada golpe de baqueta en un caos controlado, murió a los 32 años. Había nacido el 23 de agosto de 1946 y desde adolescente ya llamaba la atención por su forma de tocar. Su ingreso a The Who fue el complemento perfecto: mientras Pete Townshend componía con seriedad, Moon aportaba la locura escénica y un sonido de percusión que rompía con todo lo establecido.
El motor caótico de The Who
A diferencia de bateristas como Charlie Watts o Ringo Starr, que optaban por la sutileza y el pulso firme, Keith Moon tenía una sensibilidad completamente distinta. Su estilo era explosivo, impredecible, lleno de fills y redobles que parecían a punto de derrumbar la canción. Pero, junto al bajista John Entwistle, formaron una sección rítmica con la potencia de una orquesta. Moon definió el concepto de «único en su clase»: no solo por su técnica, sino por su absoluta irreverencia dentro y fuera del escenario.
Su presencia en la banda fue clave para que The Who sonara distinto a cualquier grupo de su época. Mientras otros rockeros se tomaban todo en serio, Moon entraba a la batería como un huracán. Esa energía —y su vida desenfrenada— inspiraron a generaciones de músicos que vinieron después. Incluso hoy, su forma de tocar sigue siendo referencia para cualquiera que quiera entender cómo el caos puede convertirse en arte.
La noche que terminó todo
La corta vida de Keith Moon se apagó tras una noche de fiesta con Paul McCartney. Había cenado con él y luego, ya en su departamento, tomó 32 pastillas de clometazona —un sedante recetado para combatir su alcoholismo—. El médico le había dicho que no tomara más de tres al día. Al día siguiente lo encontraron sin vida. La sobredosis provocó que el medicamento inutilizara su esófago, impidiéndole vomitar. Se asfixió.
«Fue un error tonto», dijo Pete Townshend en el documental «Amazing Journey» de 2007. «Siempre tomaba las pastillas en puñados. Era solo un hábito que tenía». Aunque Moon no era ajeno a los químicos, nunca usó drogas duras; su demonio fue el alcohol y las pastillas. El manager Bill Curbishley lo resumió así: «Nunca envejecería con gracia. No creo que estuviera destinado a hacer huesos viejos. Supongo que fue diseñado para que se lo recuerde como era».
La muerte llegó justo cuando The Who comenzaba un nuevo capítulo: semanas antes habían lanzado «Who Are You». En la portada, Moon aparece sentado en una silla con las palabras «Not To Be Taken Away» grabadas. Los fanáticos lo tomaron como un presagio. Para Chile, donde el rock británico siempre tuvo seguidores, la pérdida fue sentida: The Who sonaron fuerte en las radios y tocadiscos locales, y la figura de Moon —salvaje, genial y autodestructivo— quedó como la de un baterista que no volverá a repetirse.
Con información de Radio Futuro