Philip Seymour Hoffman: genio, adicción y una muerte que conmocionó al cine
A diez años de su muerte, la historia del actor que lo tuvo todo y perdió la batalla contra sus demonios.
La madrugada del 2 de febrero de 2014, Philip Seymour Hoffman fue encontrado sin vida en su departamento de Manhattan. Tenía 46 años y una jeringa clavada en el brazo. Para el público chileno, la noticia fue un golpe directo: Hoffman era uno de esos actores que se había ganado un lugar en la memoria de cualquiera que hubiera visto *Los Juegos del Hambre*, *Magnolia* o *Casi famosos*.
El precio del talento: una lucha que comenzó joven
Hijo de un ejecutivo de Xerox y una jueza, Hoffman nació en Nueva York en 1967. Estudió teatro en la NYU, pero sus años universitarios marcaron el inicio de su lucha contra las drogas. “Probaba todo en la universidad, alcohol, drogas, me gustaba todo lo que pudiera conseguir, pero después empecé a sentir pánico, pánico por lo que iba a pasar con mi vida”, confesó a *60 Minutos*. Esa experimentación lo llevó a su primera rehabilitación a los 22.
En 2011, Hoffman dijo a *The Guardian*: “Era joven, bebía demasiado, así que lo dejé. No tenía ningún interés en beber con moderación. Y sigo sin tenerlo. El hecho de que haya pasado tanto tiempo no significa que fuera solo una etapa. Es, bueno, es quien soy”. Esa claridad lo mantuvo sobrio por más de dos décadas.
El regreso a las sombras y el final trágico
Mimi O’Donnell, su pareja y madre de sus tres hijos, vivió la batalla desde adentro. Se conocieron en 1999. “Me contó sobre la época en que bebía en exceso y experimentaba con la heroína cuando tenía poco más de 20 años, así como de su primera rehabilitación a los 22. Asistía a terapia y a reuniones de Alcohólicos Anónimos, y la mayoría de sus amigos también formaban parte del programa”, relató O’Donnell a *Vogue* en 2017. “Mantenerse sobrio y en proceso de recuperación era, junto con la actuación y la dirección, el eje central de su vida. Sin embargo, él era consciente de que estar limpio no significaba que la adicción hubiera desaparecido”.
En 2012, después de dos décadas sobrio, Hoffman sufrió una recaída. Comenzó con pastillas y terminó en la heroína. “Phil era adicto, aunque por aquel entonces yo no comprendía del todo que la adicción siempre acecha bajo la superficie, esperando un momento de debilidad para resurgir con fuerza arrolladora”, expresó O’Donnell. El 2 de febrero de 2014, Hoffman fue hallado muerto en el baño de su departamento. A su lado, una jeringa y heroína.
Un legado imborrable en la pantalla grande
Hoffman debutó en el cine en 1991 y construyó una filmografía de más de 50 películas. Trabajó con Paul Thomas Anderson, Spike Lee y los hermanos Cohen. En Chile, sus películas son parte del canon cinéfilo, desde *Casi famosos* hasta *El talentoso Mr. Ripley*.
Ganó el Oscar por *Capote* y fue nominado por *La duda* y *The Master*. En sus últimos años, se sumó a *Los Juegos del Hambre* como Plutarch Heavensbee. Su muerte dejó un vacío enorme. Hoffman no solo actuaba: habitaba sus personajes. Por eso, una década después, seguimos hablando de él.
Con información de La Cuarta · Espectáculos