Matcha en Chile: la moda del té verde que pone a prueba a productores y consumidores
El matcha es tendencia global y en Chile se consume en todas partes. Pero su producción enfrenta desafíos climáticos y de oferta.
El matcha ya no es un secreto de entendidos ni un ingrediente exótico de tiendas especializadas. En Chile, el polvo verde se tomó las cafeterías de barrio, las cadenas y los estantes de los supermercados, compitiendo directamente con el café. Pero su popularidad masiva corre el riesgo de simplificar una tradición que combina siglos de historia, un método de cultivo específico y una cadena productiva que hoy enfrenta serios desafíos.
Del cultivo bajo sombra al polvo en la taza
Para entender lo que se está tomando hay que volver al origen. El Ministerio de Agricultura de Japón explica que el matcha se produce a partir de tencha, un té cuyas plantas se cubren para evitar la exposición directa al sol. Ese sombreado reduce el amargor y potencia el umami. Después, las hojas se cuecen al vapor, se secan sin enrollarlas y se muelen hasta obtener un polvo finísimo. La primera cosecha, recogida entre fines de abril y mayo, se destina sobre todo a tés de alta gama.
Reducir el matcha a un color o a un simple sustituto del café deja fuera toda esa cadena de conocimientos agrícolas y de preparación. La especialista Darla Murray, en una entrevista con Vogue, distinguió entre los matchas artesanales, que priorizan hojas jóvenes y molienda en pequeñas partidas, y los industriales. Para Alan Jiang, fundador de una marca de té, el valor está en el momento de interacción entre quien prepara la bebida y quien la recibe. Keiko Kitazawa, maestra de té, apuesta por degustaciones guiadas que desplazan la atención desde los agregados hacia el sabor del té.
El mercado del té bajo presión
Este boom global del matcha no ocurre en el vacío. La FAO, en su actualización de 2026, advirtió que los mercados mundiales de bebidas —y el té en particular— están expuestos a fenómenos climáticos extremos, plagas, restricciones de suministro y dificultades logísticas. Todo esto presiona los precios y afecta de manera desigual a productores y consumidores a lo largo de la cadena de valor.
Sarah Oh, otra profesional consultada por Vogue, ya anticipó dificultades de abastecimiento durante la cosecha de 2025. Marc Falzon, por su parte, sostiene que el interés internacional puede contribuir a sostener técnicas tradicionales, pero advierte que ese impulso exige evitar que el origen cultural quede diluido en una moda pasajera. La producción de matcha requiere conocimientos específicos que no se replican de la noche a la mañana.
¿Consumo informado o moda pasajera?
Para la FAO, el té es una fuente de ingresos y empleo para millones de pequeños productores; el organismo estima que estos aportan el 60% de la producción mundial. La popularidad del matcha conecta directamente las tendencias de consumo con decisiones sobre cultivo, trazabilidad y transmisión de saberes. En Chile, donde el matcha se consume cada vez más en versiones frías, con leche o en repostería, la pregunta es si el público está dispuesto a informarse sobre lo que está comprando.
La diferencia entre una bebida de moda y una práctica informada depende, en buena medida, de que esos procesos sigan siendo reconocibles para quienes la consumen. El matcha llegó para quedarse en la escena chilena, pero su futuro como tradición respetada dependerá de si logramos mirar más allá del color verde y el tarro llamativo.
Con información de Infobae Tendencias