Jenna Ortega lleva su estética oscura a una portada de Vogue que parece un cuadro renacentista
La actriz protagoniza la edición de noviembre de Vogue Estados Unidos con vestidos de alta costura y una puesta en escena surrealista.
Jenna Ortega vuelve a demostrar que su estilo va mucho más allá de Merlina. La actriz, que saltó a la fama global con la serie de Netflix, es la protagonista de la portada de noviembre de Vogue Estados Unidos, y la sesión —fotografiada por Szilveszter Makó y estilizada por Tabitha Simmons— es una declaración de intenciones. Ya no es la adolescente gótica de los pasillos de Nevermore: ahora es un personaje dentro de un cuadro pintado a mano, con paredes lavanda, suelos de damero y objetos que desafían la perspectiva.
Para el público chileno, la noticia no es solo una postal de la moda internacional. Ortega representa a una generación que creció viendo series en streaming y que hoy marca tendencia desde las portadas de las revistas más influyentes del mundo. Su evolución estética —del negro absoluto a una paleta más amplia, pero igual de teatral— resuena en un país donde lo oscuro y lo sofisticado conviven en la moda local, desde las ferias de diseño independiente hasta las carteleras de teatro.
Descalza y con Dior: la portada que rompe el molde
La imagen principal muestra a Ortega descalza, apoyada sobre un banquito y vestida con un diseño marfil de Dior. El vestido de satén, con tirantes finos y escote drapeado, se concentra sobre una cadera de la que brotan flores tridimensionales de la misma tela. La decisión de aparecer sin zapatos evita la rigidez de una portada de gala y le da un aire íntimo, aunque cada elemento responde a una puesta calculada.
El fondo lavanda, el zócalo oscuro y el damero del piso sitúan a la actriz en un ambiente de interior antiguo. La imagen remite a un retrato renacentista atravesado por el surrealismo, con vestidos de alta costura que la alejan de la estética juvenil asociada a Merlina sin borrar por completo su herencia gótica. Ortega conserva una expresión contenida, pero el vestuario desplaza su imagen hacia otros códigos.
Un corsé que es un jardín y una habitación que es un cuadro
Uno de los estilismos más complejos de la editorial parte de una estructura encorsetada que marca la cintura y amplía las caderas. Pero la superficie se aleja de la limpieza habitual: está cubierta por aplicaciones que evocan conchas, perlas, corales y formas vegetales, construyendo una textura irregular sobre una base traslúcida. Ortega suma un pañuelo blanco recogido en el cuello y un broche de inspiración antigua, con el peinado corto hacia atrás y un maquillaje de acabado natural. El resultado es un retrato de época reinterpretado desde la alta costura.
La escenografía es otra clave de la producción. En varias imágenes, Ortega aparece dentro de una habitación miniatura con paredes verde musgo, paneles púrpura y un piso a cuadros. Los objetos no buscan parecer reales: parecen recortes de cartón o elementos de una obra de teatro. En una de las tomas, la actriz viste una chaqueta corta color café, ceñida a la cintura y con aplicaciones cobrizas, combinada con una falda midi plisada de lunares negros y morados. A su alrededor, un cuadro ovalado con un pájaro negro y una caja de la que salen llamas pintadas refuerzan la sensación de artificio.
Plumas turquesas y un beauty look sin excesos
La prenda más expansiva de la editorial es un vestido de Balenciaga Couture cubierto de plumas turquesas, verde azulado y esmeralda. A diferencia de otras fotografías, esta toma prescinde de la habitación pintada y utiliza un fondo neutro: el vestuario habla por sí solo. El diseño cae fuera de los hombros y crea un volumen denso alrededor del cuello, demostrando que la estética oscura de Ortega no depende exclusivamente del negro. Puede aparecer en la postura, en la mirada o en la extrañeza de una prenda, incluso cuando el color dominante es intenso y luminoso.
El maquillaje se mantiene discreto durante toda la producción: piel natural, labios suaves y ondas cortas peinadas hacia atrás. La decisión permite que los vestidos, los bordados y los volúmenes mantengan el protagonismo. Entre Wednesday y sus próximos proyectos, Jenna Ortega utiliza la moda para demostrar que su estética puede conservar la sombra gótica y, al mismo tiempo, entrar en nuevos escenarios. Para los lectores chilenos que siguen la cartelera de conciertos y teatro, esta portada es una muestra de cómo la moda y la escena se cruzan: cada vestido es un personaje, cada decorado un escenario.
Con información de Infobae Tendencias