¿Escritores o máquinas? Dos acusaciones de IA sacuden el mundo editorial
Thélyson Orélien y Jerry Falade niegan uso de inteligencia artificial en sus novelas; uno ya fue borrado de la lista del Goncourt.
Dos escritores, dos continentes y una misma acusación: que sus libros fueron escritos por inteligencia artificial. En los últimos días, el mundo editorial vivió un terremoto que llegó hasta Chile, donde el debate sobre la originalidad literaria y la tecnología empieza a colarse en ferias del libro y conversaciones de café.
El haitiano que dice haber escrito con sus heridas
Thélyson Orélien tiene 38 años, es haitiano, vive en Canadá y publicó bajo el sello Grasset la novela C’était ça ou mourir, un fenómeno literario en Francia. Narra en primera persona la huida de un profesor haitiano atrapado por la violencia de las bandas, un viaje por 12 países hasta llegar a Canadá. Pero la sombra de la IA lo persigue: lo acusan de haberla usado para escribir la mayor parte del texto.
Orélien lo niega con fuerza. “Es una calumnia y una herejía”, dijo en un comunicado remitido a la agencia France-Presse. Asegura que empezó a escribirla en otoño de 2017, en Quebec, y que terminó el primer borrador en 2019. “Ninguna frase de este libro fue creada por una máquina”, afirma. “Nace de mis heridas y de las de los demás migrantes”.
Pero no es la primera polémica que enfrenta: hace años reconoció haber plagiado columnas de opinión en medios como Mondoblog y La Presse. Lo llamó “errores inaceptables” y pidió disculpas. La Academia Goncourt, el premio literario más importante de Francia, ya lo retiró de su lista de aspirantes para este año.
El nigeriano que perdió un contrato millonario
El otro caso es el del nigeriano Jerry Adedayo Falade, de 27 años. Su novela inédita Llámame, esconderé el cuerpo, un policial, recibió una oferta de adelanto de más de 2 millones de dólares (1,5 millones de libras) de la editorial Minotaur, parte del gigante Macmillan US. Era la mayor venta para un autor debutante, con 14 editoriales pujando. Pero todo se vino abajo en cuestión de horas.
Su propia agencia retiró el título del acuerdo. En un correo al que accedió The Guardian, los agentes dijeron que ya no podían verificar cómo se escribió el manuscrito. “Confiamos en su afirmación de que se había escrito sin usar IA, pero ya no podemos corroborarlo”, señalaron. El agente Marc Gerald dijo al diario británico: “El libro en sí es genial; sea como sea que se haya escrito, es asombroso”.
Falade respondió enfático: negó la acusación y apuntó a un sesgo racial. Dijo que tres autores negros firmaron grandes contratos este año y luego los vieron cancelados por sospechas de IA, mientras escritores blancos que han reconocido usar la herramienta siguen publicando sin problemas. “Empezaron a circular rumores y en seis horas mi agencia me despidió”, contó.
¿Qué significa esto para los lectores chilenos?
En Chile, donde la literatura caribeña y africana se lee con atención y donde el mercado editorial local sigue de cerca lo que pasa en Francia y Estados Unidos, estos casos abren preguntas incómodas. ¿Cómo se prueba que un texto es original? ¿Las herramientas de detección de IA, que según Falade “generan falsos positivos”, son confiables? Y sobre todo: ¿qué pasa con los escritores migrantes o racializados, que ya cargan con el prejuicio de que su éxito es sospechoso?
Por ahora, Orélien quedó fuera del Goncourt y Falade perdió un contrato millonario. Ambos defienden su trabajo. Pero el ruido ya está instalado: la inteligencia artificial no solo escribe textos; también escribe dudas.
Con información de La Tercera · Culto