Valentina Muñoz
Valentina Muñoz Rabanal, conocida como Chica Rosadita, es una activista feminista chilena que impulsa la participación de niñas y jóvenes en ciencia y tecnología. Nacida en Santiago en 2002, se convirtió en la persona más joven en aportar a la política de inteligencia artificial de Chile y fue nombrada Defensora de los ODS por la ONU, siendo la primera latinoamericana en ese rol. Combina su faceta de programadora con la divulgación digital.
Valentina Juliette Muñoz Rabanal, más conocida por su alter ego digital “Chica Rosadita”, es una de las voces jóvenes más potentes de Chile en la intersección entre feminismo, tecnología y derechos digitales. Nacida el 21 de julio de 2002 en Santiago, creció en un entorno donde el acceso a internet y los computadores no era algo dado, y justamente esa experiencia la llevó a preguntarse por qué tan pocas mujeres como ella se atrevían a explorar el mundo de la programación.
Trayectoria y activismo
Su salto a la escena pública llegó cuando, con apenas 19 años, se convirtió en la persona más joven en contribuir a la redacción de la primera Política de Inteligencia Artificial de Chile, un hito que la posicionó como referente en la discusión sobre el uso ético de estas tecnologías. Ese mismo año, el Secretario General de la ONU la nombró Defensora de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), cargo que la convirtió en la primera mujer latinoamericana en ocuparlo. Desde ahí, ha usado sus plataformas para hablar de brecha de género, educación digital y privacidad, siempre con un lenguaje cercano y directo.
Chica Rosadita y la divulgación
Su proyecto principal, el sitio y redes sociales bajo el nombre “Chica Rosadita”, mezcla tutoriales de programación, análisis de cultura pop y mensajes feministas. Para ella, el color rosado no es un cliché, sino una herramienta para romper estereotipos: demuestra que se puede ser femenina y geek a la vez, sin pedir permiso. También ha participado en charlas y talleres en colegios, universidades y eventos internacionales, siempre con el foco puesto en que las niñas pierdan el miedo a la tecnología y se apropien de ella.
Reconocimientos y futuro
Aunque no registra premios formales en fuentes estructuradas, su impacto se mide en la cantidad de jóvenes que se acercan a la programación gracias a sus contenidos. En un país donde la participación femenina en carreras STEM sigue siendo baja, figuras como la suya son fundamentales. Valentina no solo habla de algoritmos: habla de justicia social, de acceso equitativo y de cómo la tecnología puede ser una herramienta de transformación si la usamos con conciencia.

