Stevie Wonder y el Grammy que llegó entre fallas técnicas desde Nigeria
La entrega de 1977 tuvo una pregunta incómoda para Wonder, pero el premio coronó una década de reinvención.
En febrero de 1977, la transmisión desde Nigeria, donde Stevie Wonder buscaba sus raíces africanas, llegaba a tropiezos. A miles de kilómetros, en plena ceremonia, le anunciaron que acababa de ganar el Grammy al Álbum del Año por Songs in the Key of Life. En medio del desorden técnico, el anfitrión Andy Williams lanzó la pregunta incómoda: “Stevie, ¿puedes vernos?”. El silencio fue la respuesta, pero el desatino tenía algo de cierto: Wonder llevaba años viendo más lejos que cualquiera.
De niño prodigio a dueño de su obra
Antes de esa noche, Wonder ya venía de una historia rara dentro de Motown. Entró como el niño maravilla, creció en la fábrica de Berry Gordy y, antes de poder beber o votar, producía millones al sello a cambio de una propina. A los 21 comenzó su emancipación: le sobraban éxitos, pero le faltaba el control absoluto.
Esa rebelión lo puso en una generación donde todos querían predicarle al gueto mientras la crisis social hervía. Marvin Gaye preguntaba qué estaba pasando, Sly Stone alertaba sobre un motín en marcha y Curtis Mayfield e Isaac Hayes estiraban el soul. Wonder se sumó con un ejército de sintetizadores y agregó una faceta menos sombría, con jolgorio, espiritualidad y amor por la música.
El accidente y el laboratorio sonoro
En 1973, el auto en que viajaba Stevie se estrelló contra un camión maderero y quedó varios días en coma. Su road manager, Ira Tucker, le cantó Higher Ground junto a la cama hasta que sus dedos comenzaron a seguir el ritmo. Mito o no, el accidente fue una epifanía que expandió sus oídos y volvió casi sinestésica su relación con el sonido.
El proyecto que vino después se llamaba de manera provisoria Let’s See Life the Way It Is. Con un presupuesto casi ilimitado y Motown mirando el reloj, Wonder trabajó dos años saltando entre cuatro estudios y acumulando fragmentos de canciones. Tenía un Yamaha GX-1 para inventar cuerdas y orquestas sintéticas, y una legión de 120 músicos con Greg Phillinganes a la cabeza, más Herbie Hancock y George Benson.
El mastodonte y su regreso
En 1976, Songs in the Key of Life apareció como un doble LP con un EP extra: una amalgama de soul, funk, jazz, gospel, pop y ritmos afrolatinos. Village Ghetto Land podía ironizar la miseria urbana con cuerdas de salón; Sir Duke era un derroche de amor por los padres fundadores; Isn’t She Lovely celebraba la vida y Pastime Paradise advertía contra la nostalgia. Un álbum maximalista, excesivo y a ratos ingenuo, pero sin techo musical.
La discusión sobre su mejor disco siempre tendrá a Innervisions como rival, un bocado compacto y perfecto. Songs in the Key of Life es otra cosa: la tentación de unir el mapa y el territorio. Con ventas exorbitantes y premios, fue el apogeo de Wonder como el primero entre sus pares. Después hubo grandes canciones y enormes éxitos, pero nunca volvió a construir un mastodonte así.
Cincuenta años después, Stevie Wonder revive ese universo con un programa de conciertos y un EP de canciones inéditas rescatadas de esas sesiones. La noticia no incluye fechas en Chile; acá el disco sigue siendo una cápsula del tiempo, un compendio de alegrías y miserias para lanzar al espacio.
Con información de La Tercera · Culto