A 16 años de Rush en Chile: la noche que el Estadio Nacional fue un templo del rock progresivo
45 mil personas vieron a la banda canadiense tocar 'Moving Pictures' completo y el último solo de Neil Peart en el país.
El 17 de octubre de 2010, el Estadio Nacional de Ñuñoa vivió una de las noches más épicas del rock en Chile. Rush, el trío canadiense que hasta entonces solo había pisado Brasil en 2002, finalmente desembarcó en Santiago como parte del «Time Machine Tour». Cerca de 45 mil almas se congregaron para presenciar lo que no fue un simple recital, sino una experiencia documental de precisión instrumental y entrega emocional.
Un inicio al estilo Rush
La velada arrancó con el humor característico del grupo: en las pantallas gigantes se proyectó la parodia «Don’t Be Rash». Luego vino una explosión de pirotecnia y el vertiginoso riff inicial de «The Spirit of Radio» a cargo de Alex Lifeson. En el escenario, Geddy Lee alternaba teclados, bajos devastadores y su voz inconfundible, mientras las cámaras enfocaban la colosal muralla percusiva de Neil Peart, quien ejecutaba cada golpe con la frialdad matemática y el corazón que lo transformaron en leyenda.
El primer tramo del concierto fue generoso y transversal: unió clásicos de sintetizadores como «Time Stand Still» con himnos de pulso complejo como «Freewill», e incluyó adelantos de su última etapa de estudio como «BU2B». Uno de los momentos más emotivos llegó con «Stick It Out», canción que la banda dedicó a los 33 mineros atrapados en la mina San José, rescatados apenas cuatro días antes. Lifeson empuñó una Gibson Les Paul con un adhesivo que decía «33», y el estadio entero respondió con una ovación sentida.
Tras cerrar el primer bloque con «Subdivisions», el humor del trío volvió a aparecer: una voz en off con acento neutro anunció: «Debido a la avanzada edad de los músicos, haremos un break de 20 minutos para que vayan al baño». Así dieron paso a una pausa pactada antes del gran viaje temporal.
‘Moving Pictures’ completo y la cátedra de Peart
La reanudación activó una cuenta regresiva visual hacia 1981, y la banda interpretó íntegra su obra cumbre: «Moving Pictures». La euforia estalló con el karaoke unísono en «Tom Sawyer», continuó con la atmósfera cinematográfica de «Red Barchetta» y alcanzó el éxtasis con «YYZ», donde el público coreó cada síncopa y cambio métrico. Joyas poco habituales en directo como «The Camera Eye», «Witch Hunt» y «Vital Signs» redondearon la cara más ambiciosa del álbum.
Inmediatamente después llegó el instante cumbre para la historia musical del país: el solo de batería de Neil Peart. El coloso de las baquetas se paseó por corrientes rítmicas de jazz y patrones polirrítmicos, ratificando ante 45 mil testigos por qué era considerado «El Profesor». Sería, trágicamente, la primera y última vez que el público chileno presenciaría su magia en vivo antes de su fallecimiento en 2020.
El cierre de un hito irrepetible
Tras el asalto progresivo de «2112» y una conmovedora versión de «Closer to the Heart» con Lifeson en la guitarra de 12 cuerdas, Rush remató la maratónica faena con «La Villa Strangiato» y el pulso fundacional de «Working Man». A 16 años de aquella noche primaveral de 2010, el paso de Rush por el Estadio Nacional permanece en la memoria como una auténtica comunión de sangre, virtuosismo y sonrisas genuinas: una noche donde tres músicos demostraron que la perfección técnica no está reñida con la calidez humana, sellando una cátedra que jamás volverá a repetirse.
Con información de Radio Futuro