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El iceberg chileno se derrite en la nueva película de Manuela Martelli

La directora estrena su segundo largometraje, una historia de desaparición y secretos en los años del Expo 92.

El iceberg chileno se derrite en la nueva película de Manuela Martelli
Vía La Tercera · Culto

En 1992 Chile llevó un iceberg a la Exposición Universal de Sevilla. Era la metáfora de un país sólido, confiable, casi nórdico. La segunda película de Manuela Martelli se llama justo así, y desde el título anticipa el deshielo: el témpano no aguanta para siempre. La cinta transcurre en pleno invierno chileno de ese mismo año, cuando una niña de 9 años, Inés (Maya O’Rourke), se hace amiga de Hanna (Maia Rae Domagala), una alemana de 14 que entrena como promesa del esquí en las canchas del sur. La amistad es genuina, pero el contexto pesa.

Una desaparición y un resort en ciernes

Hanna desaparece una noche. El pueblo entero la busca, pero Inés recibe instrucciones de sus mayores —entre ellos su abuela, interpretada por Paulina Urrutia— de no decir nada. Son los dueños del refugio donde se aloja la esquiadora, y el lugar está a punto de convertirse en un resort de lujo con inversión española. Nadie quiere mala publicidad. La trama policial corre en paralelo con la historia mayor: la de un Chile que quiere mostrarse limpio, sin crímenes que ocultar, justo cuando sus padres están en Sevilla exhibiendo el famoso iceberg.

Hanna no solo carga con un entrenamiento espartano y el bullying de otros chicos alemanes. También está vigilada por un profesor con el que mantiene una relación tóxica. Lejos de su madre, la chica se mueve entre las exigencias deportivas y las ganas de ser una adolescente normal. Cuando la madre de Hanna, Lina (Saskia Rosendahl), llega desesperada al pueblo, descubre que la desaparición de su hija no es la primera: hay antecedentes de emergencias similares. La película no se queda solo en el suspenso: también compara a Chile con los países de la vieja Europa comunista, aunque esa línea es fina.

Un retrato de la pérdida de la inocencia

Lo que perdura es la mirada de Inés, una niña que deja de serlo al enfrentarse al silencio de los adultos y al peso de una imagen nacional que se resquebraja. La directora ya había mostrado su ojo para los conflictos domésticos con 1976, pero acá escala la apuesta: la metáfora del iceberg se derrite mientras la pantalla muestra que nunca fuimos los jaguares de nada, solo chilenos con secretos. La película se estrenó en festivales y ahora llega a salas chilenas. Para quienes vivieron la euforia del Expo 92, es un espejo incómodo. Para los más jóvenes, una clase de historia contada con la tensión de un thriller.

Con información de La Tercera · Culto

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