El último adiós a Fernando Confessore: amigos y anónimos despiden al meteorólogo
Colegas, seguidores y su familia le dieron el último adiós en un velatorio que reflejó el cariño que cosechó en tres décadas de pantalla.
La mañana del sábado fue el momento para que familiares, amigos y compañeros se despidieran de Fernando Confessore, el meteorólogo y divulgador científico que murió el viernes en su casa del barrio porteño de Versalles a los 58 años, víctima de una insuficiencia cardíaca. El velatorio se realizó en la Sala A del establecimiento sobre la avenida Córdoba, en el límite entre Villa Crespo y Palermo, y desde temprano comenzaron a llegar figuras del canal y también seguidores anónimos que lo consideraban parte de su vida cotidiana.
“Confe era familia”
Uno de los momentos más emotivos lo protagonizó una mujer que se acercó a dejar su saludo y contó que la semana pasada viajó en el colectivo 53 y reconoció a Confessore entre los pasajeros. “¡Confe en el colectivo!”, le dijo, sorprendida, y él le respondió: “Sí, ¿por qué no? Yo soy como todos”. La mujer aprovechó para felicitarlo y explicó que cada tarde, entre las 14:25 y las 14:35, frenaba lo que estuviera haciendo para ver qué decía Confe sobre el tiempo. “Me abrigo, no me abrigo, llueve, no llueve. Y siempre le pegaba”, relató con la voz quebrada.
“Confe era familia. Era familia de años, como son todos ustedes”, resumió, y lamentó lo inesperado de la noticia: “Algo inesperado, una persona tan joven”. Cerró con una reflexión que muchos compartieron: “Ni él mismo se debe haber imaginado todo esto. En algún lado debe estar mirando diciendo: ‘Chicos, gracias por este abrazo inmenso’”.
“Esto no tiene sentido”
Desde la puerta de la sala, el periodista Guillermo Lobo intentó poner en palabras lo que para él no las tenía. “Sabemos que la muerte nos atañe a todos, pero esto no tiene sentido”, dijo, y recordó que el miércoles todavía hablaban con normalidad. Señaló que adentro estaban Paula, la esposa de Confessore, sus tres hijas —Juleita, Candela y Jimena—, la Tanita —su madre— y Elena, su tía. “Si nosotros estamos shockeados, imaginate ellas”, afirmó en la víspera del Día de la Madre, y le dedicó palabras a la Tanita: “Sea la hora que sea, nosotros vamos a estar. Porque es lo mismo que hubiera hecho Confessore por nosotros”.
Lorena Maciel reconoció que las palabras no alcanzaban. “Nos encontramos, nos abrazamos, no tenemos mucho para decir. Estamos tan perplejos como los que están del otro lado”, expresó. Contó que la noche anterior se quedó hasta las dos de la mañana respondiendo mensajes: “Sentía que en nombre de Confe tenía que agradecer uno por uno”.
Una lección de vida
Marcos Barocca sumó la perspectiva de quien compartió más de treinta años de redacción, picados de fútbol en la cancha a la vuelta del canal y asados de fin de semana. “Ahí tomás dimensión de cómo uno trasciende una pantalla”, reflexionó. Lobo recuperó entonces una anécdota de los primeros años de TN, cuando el canal “era una caja de zapatos”. “Él decía: ‘Gordo, no nos ve ni el loro’. Y yo le decía: ‘Sí que nos ven, gil’”, recordó entre risas que se mezclaban con la tristeza. Evocó un café con leche de utilería relleno de plastilina que Confessore soplaba al aire como si quemara. “Y sí, Fer, la gente te ama”, cerró.
Matías Bertolotti, quien nombró a Confe como su maestro, se acercó al móvil antes del cierre. Y allí, Lobo dejó un mensaje a modo de enseñanza: “Si tenemos que pedir perdón, pidamos perdón. Si tenemos que abrazar a alguien, abracémoslo. Si tenemos que decir ‘te quiero’, hagámoslo. El Tano, si nos deja una lección, es que esto es muy breve”. Cerca de las 14.30, el cortejo partió rumbo al Cementerio de la Chacarita para concluir la ceremonia, entre abrazos, lágrimas y anécdotas que brotaban sin querer.
Con información de Infobae Teleshow