Rincón silencioso: la tendencia que busca bajar el ritmo en casas chilenas
Cuartos de baja estimulación ganan espacio en hogares para leer, descansar y reducir ruidos sin pantallas.
En un país donde el ruido urbano y las notificaciones constantes marcan la rutina, cada vez más personas buscan un refugio dentro de su propia casa. La idea es simple: un rincón o una habitación dedicada a la pausa, sin pantallas, sin luz intensa y sin exigencias tecnológicas. No se necesita una reforma; basta delimitar un sector y ajustar luz, sonido, mobiliario y actividades.
El descanso sensorial empieza por reducir las interrupciones
Los llamados cuartos antiestimulación amplían el concepto de ambiente analógico. No se trata solo de quitar dispositivos, sino de disminuir los estímulos que compiten por la atención: notificaciones, televisión, luz directa y ruidos del exterior o de otras zonas de la vivienda. La diseñadora de interiores Lynn Berney, consultada por el sitio Real Simple, relacionó esta tendencia con el interés por hogares que permitan “bajar el ritmo, desconectarse y recargar energías”.
La base sanitaria de esta idea tiene límites precisos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el ruido ambiental excesivo puede alterar el sueño, afectar el rendimiento cognitivo y aumentar la molestia. Sus directrices sobre ruido ambiental recomiendan disminuir la exposición, en particular durante la noche. Esto no convierte a un rincón silencioso en un tratamiento médico, pero sí ofrece un criterio práctico: identificar qué estímulos perturban más a cada persona y reservar un lugar donde sea posible moderarlos.
La luz indirecta permite separar el día de la pausa nocturna
La iluminación es una de las primeras decisiones. Berney aconsejó evitar la luz cenital intensa y optar por fuentes cálidas y regulables, como lámparas de mesa, apliques o iluminación indirecta. Así, el sector puede tener luz suficiente para leer o sentarse sin reproducir el brillo uniforme de los ambientes destinados a tareas activas.
La Comisión Internacional de Iluminación (CIE) sostiene que la luz es el principal sincronizador del reloj biológico. Su declaración de 2024 indica que la luz nocturna puede interferir en el sueño y recomienda una iluminación más baja durante las tres horas previas a acostarse. En este tipo de rincón, esa evidencia se traduce en una pauta sencilla: por la noche, priorizar fuentes localizadas y tenues; durante el día, una exposición mayor, preferentemente natural.
Textiles y asientos definen un uso concreto del rincón
Los recursos materiales ayudan a atenuar el ruido. Alfombras, cortinas gruesas, mantas y tapizados de fibras naturales amortiguan el sonido. Berney propuso combinar lino, lana, cachemira y madera natural, sin recargar el ambiente. La diseñadora de interiores Therese Kelleher, especializada en el enfoque hygge, sugirió disponer de dos o tres alternativas de asiento según el tipo de pausa: una silla erguida, un sillón profundo o una opción que permita recostarse. La premisa, señaló al medio, es que la comodidad prevalezca sobre la apariencia.
El color puede acompañar esa función. Tonos neutros cálidos, tierra apagados, verde salvia o azul grisáceo son algunas de las alternativas mencionadas por Berney. La elección no exige una paleta fija, pero conviene evitar contrastes visuales que distraigan en un lugar concebido para la quietud.
Un área sin pantallas necesita una actividad posible. Kelleher planteó reemplazar los dispositivos por objetos analógicos y, sobre todo, definir para qué se usará el rincón. Si estará dedicado a la lectura, puede incluir un asiento cómodo, una mesa auxiliar, luz de lectura y una manta. Si se destinará a juegos de mesa, necesitará una superficie adecuada y sillas. Esa decisión evita que el área se convierta en un sector decorativo sin uso. Su valor reside menos en el tamaño que en la posibilidad de sostener una pausa con menor exposición al ruido, luz invasiva y demandas digitales.
Con información de Infobae Tendencias