Love in Traffic: el taller que estudia el sexo en vehículos autónomos
En la conferencia AutomotiveUI 2026, un taller llamado Love in Traffic analizó el sexo en vehículos autónomos
Cuando se habla de problemas en los robotaxis, lo primero que viene a la mente son los ataques desde afuera, como el caso de dos hombres que subieron a un Waymo con armas. Pero el mal comportamiento también puede venir de adentro: los propios pasajeros. Un grupo de académicos acaba de poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué pasa si tienen sexo dentro de un vehículo autónomo?
Esa pregunta fue el centro del taller “Love in Traffic”, celebrado el domingo pasado en Gotemburgo, en el marco de la conferencia AutomotiveUI 2026. La idea era discutir cómo evitar conductas sexuales en estos espacios, considerando que no hay un conductor que actúe como figura de autoridad.
El tema no es menor. Madrid está a punto de convertirse en la primera ciudad europea con robotaxis, y aún nadie tiene claro cómo regular este tipo de situaciones.
La búsqueda en PornHub
Pavlo Bazilinsky, profesor de la Universidad de Tecnología de Eindhoven, lideró la investigación. En declaraciones a Wired, confesó que usó PornHub como referencia, porque “es difícil predecir el comportamiento de la gente”. Al buscar “transporte público” en el portal, aparecieron casi 300 resultados.
No es una exageración: el sexo en lugares semipúblicos ya ocurre en baños de aviones, trenes y limusinas. Pero en un robotaxi, al no haber desconocidos cerca, la sensación de intimidad es mayor, y los investigadores creen que eso podría hacer estas conductas más frecuentes.
Soluciones en discusión
Las conclusiones del taller aún no se publican, pero la investigación previa deja varias alternativas. Una es hacer los vehículos transparentes, para que sea difícil esconderse. Otra es modificar la distribución interior para que el auto se perciba como un espacio colectivo, no como un recinto íntimo. También se plantean alertas que “interrumpan” la actividad, pero siempre de forma “proporcionada y no intrusiva”.
El trasfondo
El sexo es el caso más llamativo, pero el objetivo es más amplio: usarlo como caso de prueba para diseñar espacios autónomos compartidos seguros. Los investigadores creen que las medidas para disuadir conductas inapropiadas podrían servir para prevenir problemas más graves, como acoso, robos o agresiones. Además, temen que estos episodios afecten la aceptación social de los vehículos autónomos.
Su aspiración es que, si estos servicios se extienden al transporte público, sean espacios percibidos como seguros y accesibles para todos los viajeros. En Chile aún no hay robotaxis, pero con la llegada de la tecnología autónoma al resto del mundo, estas discusiones no son tan lejanas.
Con información de Xataka