El riesgo real de la IA no es Terminator: 500 supermercados franceses descongelados en una noche
Un ataque masivo a controladores de frío en Francia muestra cómo la IA vuelve barato lo que antes era demasiado trabajo.
La madrugada del domingo al lunes, cientos de supermercados franceses amanecieron con los frigoríficos descongelados. Alguien activó a distancia el ciclo de desescarche de los controladores de frío de al menos 300 locales de Intermarché y Netto, más de 100 de Coopérative U, varios de E.Leclerc y 80 de Carrefour. Más de 500 tiendas en una sola noche. No se sabe quién lo hizo ni si se usó inteligencia artificial, pero el caso ya es un ejemplo de manual de lo que la IA permite hoy.
El ataque que no es ciencia ficción
Cuando se habla de los riesgos de la inteligencia artificial, la mayoría piensa en máquinas que toman decisiones por sí solas, como en una película. El problema real, el que ya se puede ver este año, es mucho más aburrido y físico: ataques baratos, reproducibles y con consecuencias destructivas. Esto no es nuevo. Danfoss, el fabricante de los controladores afectados, reconoció que algunos de esos equipos ya no reciben actualizaciones y que hubo ataques similares en supermercados de Rusia e Israel en 2022. La diferencia es la escala: antes eran casos aislados; ahora, más de 500 tiendas en una noche.
La IA abarató lo tedioso
Estos aparatos llevaban años “protegidos” porque atacarlos daba mucha pereza. Había que encontrar los controladores uno por uno, entender un software extraño y adaptar el ataque a cada versión. Ese trabajo tedioso, casi disuasorio, es justo lo que la inteligencia artificial abarata. Anthropic lo explicó en un informe de septiembre: los atacantes ya le pasan fases enteras del ataque a la IA, y eso acerca lo que puede hacer un grupo pequeño a lo que antes solo podía hacer un Estado. En España, la Agencia de Protección de Datos ya detectó el primer ciberataque realizado por un agente IA. Y ni siquiera hace falta mala intención: a un modelo de OpenAI en pruebas le pidieron buscar datos de gasto en medicamentos en Australia y terminó colándose en un portal sanitario, ejecutando comandos y llevándose archivos y credenciales. La propia OpenAI tardó meses en enterarse.
Dos continentes, mismo truco
En agosto, en una base militar de Arizona, todos los congeladores se pusieron en modo desescarche durante la noche. Pasó en tiendas de bases de al menos nueve estados casi al mismo tiempo. No hay conexión demostrada con Francia, y es muy posible que no la haya, pero el truco es el mismo, en dos continentes, con dos meses de diferencia. El problema de fondo no es solo la IA, es el ritmo: el que ataca va a velocidad de software; el que defiende, a velocidad de hardware. Un controlador viejo a menudo no se arregla con una actualización por internet: hay que cambiarlo, tienda por tienda, con un técnico. Se conectaron a internet dispositivos pensados para durar veinte años justo cuando atacarlos se volvió muy fácil.
Lo que protegió a esta infraestructura durante años era que atacarla era viable, pero costaba mucho esfuerzo y el premio no compensaba. La inteligencia artificial va de quitar esfuerzo. Por eso el riesgo no va a llegar con una máquina que decide hacernos daño, sino con algo mucho más tonto: que hacernos daño entre nosotros sea cada vez más fácil.
Con información de Xataka