The Doors y las sesiones de 1966 que sacudieron el rock y Sunset Strip
En agosto de 1966, cuatro desconocidos entraron a un estudio de Hollywood y grabaron un debut que terminaría marcando al rock para siempre.
A fines de agosto de 1966, cuatro músicos de Los Ángeles entraron a los estudios Sunset Sound Recorders, en Hollywood, con una consigna: dejar en cinta la electricidad que desataban en los clubes del Sunset Strip. Esas sesiones gestaron The Doors (1967), el disco debut que puso a Jim Morrison, Ray Manzarek, Robby Krieger y John Densmore en el mapa definitivo del rock.
No eran recién llegados. El grupo venía de una residencia en el Whisky a Go Go, donde su química escénica se había vuelto intuitiva. Esa escuela dejó una marca: podían improvisar o cambiar de rumbo sin soltar el pulso. El repertorio que grabaron en Sunset Sound ya estaba pulido por los meses en vivo, bajo la producción de Paul A. Rothchild y la ingeniería de Bruce Botnick.
Una base de jazz, garage y blues
La base del disco era una colisión de estilos. El órgano hipnótico de Manzarek, que también se hacía cargo de las líneas de bajo, se movía entre el jazz clásico y el garage psicodélico. La guitarra de Krieger sumaba rasgos flamencos y blueseros, mientras la batería de Densmore cortaba con ritmos sincopados. Sobre ese andamiaje, Morrison agregaba una capa difícil de nombrar.
Morrison, el frontman teatral
Jim Morrison no se limitaba a cantar. Tenía una voz profunda y una presencia magnética que convertía cualquier tema en un acto teatral, con un misticismo que incomodaba a la escena más complaciente. La banda aprovechó eso para llevar el rock a terrenos existenciales y cinematográficos en piezas como “Break On Through (To the Other Side)”, “Soul Kitchen”, su lectura de “Alabama Song (Whisky Bar)” y el cierre de “The End”. Nadie había explorado esos territorios con tanta soltura en el formato pop.
Verano del Amor y número uno
Publicado el 4 de enero de 1967, el álbum no reventó de inmediato. Recién cuando “Light My Fire” trepó al número 1 del Billboard Hot 100, en pleno Verano del Amor, se convirtió en banda sonora obligada de la juventud: sonó en radios y máquinas de discos. La versión del LP duraba más de siete minutos, con pasajes de improvisación que desafiaron las reglas comerciales. El disco alcanzó el puesto 2 en los rankings.
A seis décadas de esas jornadas en Sunset Sound, The Doors se mantiene como piedra angular. Fue una obra que rompió la inocencia del rock de los sesenta y abrió de par en par las puertas de la percepción. En Chile, su eco sigue vivo en radios y conversaciones de coleccionistas, aunque todo haya pasado a miles de kilómetros de acá.
Con información de Radio Futuro