Soda Stereo: la historia del encuentro que cambió el rock en Buenos Aires
La banda surgió de una amistad forjada en la Universidad del Salvador, entre clases de publicidad y música new wave
La historia de Soda Stereo no empieza en un escenario ni con un hit radial. Tampoco en los pasillos de un liceo, como pasó con Los Prisioneros en Chile. El origen de la banda que marcó a toda una generación en Latinoamérica se gestó en las aulas de la carrera de Publicidad de la Universidad del Salvador, una casa de estudios privada de Buenos Aires, a fines de los setenta.
Fue ahí donde se cruzaron por primera vez dos jóvenes inquietos: Héctor “Zeta” Bosio, que ya llevaba un par de años tocando el bajo, y Gustavo Cerati, un año menor, que llegó a la misma carrera después de probar suerte en varios proyectos musicales. La conexión fue inmediata, aunque el camino hasta formar la banda que todos conocemos tuvo varios desvíos.
La colimba y los primeros acordes
Bosio entró a estudiar en 1979, pero solo estuvo un semestre: fue llamado a cumplir con el servicio militar obligatorio, que realizó en la Armada, embarcado en el buque-escuela Libertad. Lejos de perder el tiempo, se las arregló para quedar en el orfeón de la fragata, donde tocó de todo: salsa, canciones árabes y hasta aprendió trompeta. “Una buena enseñanza, porque tuve que tocar todo tipo de música”, recordó años después.
A su regreso, retomó el bajo y empezó a tocar con distintas bandas, como la que hacía covers de Richard Ferry o el conjunto folk de Alex Mathews, hasta que llegó The Morgan, un proyecto que versionaba a Gary Numan, Elvis Costello, Blondie, Sex Pistols y The Police. Una música refrescante para alguien que rechazaba el rock progresivo de los setenta.
El encuentro en la sala de clases
Cuando Bosio volvió a la universidad, llegó tarde el primer día y se sentó en el primer banco, sin conocer a nadie. Al fondo del aula estaba el grupo que cambiaría su vida: Gustavo Cerati, que ya tocaba guitarra, junto a otros compañeros con los que compartían discos y cassettes de new wave. Entre todos se armó un intercambio apasionado de música, desde los Moody Blues hasta folk jamaiquino que había conseguido Cerati.
Por entonces, Cerati venía de tocar en bandas como Vozarrón y Existencia Terrenal, donde escuchó por primera vez a Sex Pistols y The Police. También pasó por Sauvage, que tocaba soul y disco en fiestas privadas y cabarets. Pero nada de eso lo satisfacía del todo. Y Bosio, tras el fin de The Morgan, seguía buscando un proyecto estable. Probó incluso a Andrés Calamaro, pero la cosa no funcionó.
Recién a fines de 1981, Cerati le propuso a Bosio armar un grupo con canciones propias y en castellano. Zeta se entusiasmó, pero pasó el verano y no concretaron nada. Hasta que apareció el que faltaba: Charly Alberti, que andaba cortejando a la hermana de Gustavo y compartía la pasión por el punk y el pospunk.
La historia es conocida: en marzo de 1982, con Alberti en la batería, Soda Stereo comenzó a tomar forma. Pero su origen universitario, lejos de los grandes escenarios, explica también por qué la banda conectó tan fuerte con el público chileno: su música llegó a este lado de la cordillera como un soplo de frescura, con letras propias que hablaban de la juventud urbana de la época.
Con información de La Tercera · Culto