La tragedia aérea que enmarcó la creación de Viajar de Lucybell
El 29 de febrero de 1996, la pareja de Claudio Valenzuela murió en un accidente aéreo en Arequipa. Así se gestó el segundo álbum de Lucybell.
El 29 de febrero de 1996, el vuelo 251 de Faucett Perú se estrelló cuando se aproximaba de noche a Arequipa. Las 123 personas que iban a bordo murieron. Entre ellas estaba Ana Eva Sobrino Sobarzo, de 21 años, pareja y “profunda amiga” de Claudio Valenzuela, cantante, guitarrista y principal letrista de Lucybell. La noticia llegó cuando la banda empezaba a acelerar su carrera.
Peces, el primer disco, seguía sumando público y el cuarteto salía cada vez más de Santiago y de Chile. “El primer disco puede ser exitoso, pero un segundo disco es como la duda”, recuerda Valenzuela. La presión por sostener lo conseguido era parte del ambiente.
Una banda en movimiento
El mánager de la banda, Pablo Rodríguez, describe la rutina de entonces: “Era gira, ensayo, composición, gira, promoción”. Peces había convertido a Lucybell en artista prioritario para EMI y la agenda se volvió cada vez más intensa. Pero antes de los discos hubo años de tocar. “Partimos tocando en el 91 y estamos hablando del 96”, dice Gabriel Vigliensoni, tecladista.
Para cuando enfrentaron formalmente el segundo álbum, ya tenían “un buen par de canciones”, según Marcelo Muñoz, bajista y guitarrista de la formación original. El repertorio de Peces quedaba corto para los conciertos, así que varias canciones nuevas se probaron en vivo. “Si a uno no le gustaba el tema, se echaba para atrás”, explica Muñoz.
Otras canciones nacieron de los viajes. “La escribí en Iquique, en un hotel donde estábamos quedándonos”, cuenta Valenzuela sobre la letra de Mataz. Francisco González, baterista, resume el cambio: “Cada uno creció un montón y propuso cosas distintas a Peces. Entonces como que Peces quedó atrás, sonoramente hablando”.
Samples y computadores en la sala
Las escuchas también se movieron. Muñoz tenía entre sus referencias The Bends, de Radiohead, y Catherine Wheel. Vigliensoni siguió el trip hop, el catálogo del sello 4AD y a Seefeel. Entre los discos que llevó a sus compañeros estaba Jazzmatazz Vol. 1, de Guru. En Londres, las disquerías alimentaron esa búsqueda.
Un computador apareció en la sala de ensayo, algo poco habitual en 1996. “Ahora es normal ver un computador en una sala de ensayo, pero en esa época no”, recuerda Valenzuela. Vigliensoni trabajó con un Kawai K11, un Casio CZ-1000 y un Ensoniq ASR-10. Mataz usó un sample de batería de So Wat Cha Sayin’, de EPMD, y Viajar incorporó material de Happiness is easy, de Talk Talk.
“El sample estaba fuerte, era como una nueva paleta de sonido”, explica el tecladista. Muñoz dice que las canciones “tenían mucho aire”, lo que le permitió desarrollar líneas más melódicas. Grabó con un Rickenbacker 4001, un amplificador Ampeg y sin efectos: “Cero efecto en ese disco. La señal de bajo tal como es”, precisa.
La grabación con Mario Breuer
Viajar se grabó en los estudios Master y Kadorna, en Santiago, con el productor e ingeniero argentino Mario Breuer, que ya había trabajado con Lucybell en Peces. Breuer recuerda el segundo álbum como considerablemente más difícil de realizar que el primero. Vigliensoni introduce otra perspectiva: “Mario lo ve desde el punto de vista de que lo contratan por un número determinado de días y los días avanzan y no está todo listo. Yo lo veo un poco distinto. También estábamos arriesgándonos a hacer otras cosas”.
Parte del trabajo salió del estudio. Equipos y músicos se trasladaron a una parcela de González para continuar algunas pruebas. Hubo una discrepancia con Breuer por la línea de bajo de Ver. El productor le pidió a Muñoz tocar más “como bajista y no como guitarrista”, pero el bajista defendió su arreglo y sus compañeros lo respaldaron.
“Hubo diferencias, pero siempre en un ámbito de cariño y respeto. Yo aprendí mucho de Mario”, aclara Muñoz. Valenzuela, por su lado, dice: “Fue un disco súper difícil de grabar. En lo personal tuve un pánico escénico”.
Con información de La Tercera · Culto