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El magazine de la cultura pop chilena Santiago Tue 29 Sep 2026
Música

La sesión de ‘Desarma y sangra’ que unió a Charly García y Mercedes Sosa

En 2009, el músico se recuperaba bajo el cuidado de Palito Ortega cuando la Negra llegó a grabar un dueto inolvidable.

La sesión de 'Desarma y sangra' que unió a Charly García y Mercedes Sosa
Vía La Tercera · Culto

En enero de 2009, Charly García residía en la quinta de Palito Ortega, en Argentina. El músico había dejado la Clínica Psiquiátrica Dharma con autorización judicial, y el tucumano se hizo cargo de su recuperación. “Fue un momento delicado”, recuerda el cineasta Luis Ortega, hijo de Palito, en la biografía “La indómita luz” de Pablo Plotkin. “Todos habían desaconsejado que mi viejo se lo llevara a vivir con él. Circulaba en la tele esa imagen de Charly maniatado en una camilla.”

Sin embargo, Palito firmó un papel de responsabilidad total. “No conozco a nadie que hubiese firmado ese papel”, agrega Luis. La casa se llenó de policías y enfermeros. El guitarrista Fernando Kabusacki contó en el libro que una vez, durante un cambio de medicación, Charly tuvo un brote y rompió todo el estudio. Palito respondió: “No importa. Lo importante es que Charly esté bien”.

El piano como cable a tierra

En medio del caos, la música era lo único que calmaba a Charly. A cualquier hora de la madrugada, podía pedir ir al estudio de grabación que Palito tenía en la quinta, llamado Los Pájaros. Kabusacki lo acompañaba: se sentaba en el control, abría un micrófono y dejaba tocar a Charly hasta que se quedaba dormido. “Nunca había escuchado tanta música clásica”, dice. Ahí supo, por un mensaje de la madre, de la formación académica que Charly tuvo de niño. “Creo que fue su cable a tierra”.

Un día de enero, la quinta recibió una visita ilustre: Mercedes Sosa. La idea era grabar un dueto para su álbum doble “Cantora”. La Negra también estaba frágil: le quedaba menos de un año de vida. La canción elegida fue “Desarma y sangra”, original de Serú Girán, del disco “Bicicleta” (1980). En esa grabación original, solo participaron Charly y Pedro Aznar; ahora, en vez de Aznar, estaba Mercedes.

Una sesión de cuarenta minutos

Charly se preparó con esmero. Palito recuerda: “Mercedes tenía que llegar a las once, y Charly ya estaba bañado y cambiado desde las diez. Nunca lo vi tan preocupado por cuidar su aspecto”. En la consola estaba Jorge “Portugués” Da Silva, el ingeniero de Piano Bar, y dirigía Gustavo “Popi” Spatocco, tecladista y productor de Mercedes.

La sesión duró unos cuarenta minutos, con tres o cuatro tomas. Plotkin la califica como “una versión descomunal”. Charly cantó en un tono sereno, adaptándose a la tonalidad más alta de la Negra. Spatocco recuerda la intensidad emocional: “Vi la gran alegría de los dos al reencontrarse. Y vi ese pudor, esa elegancia, de verse en la fragilidad y no mencionarlo”. La canción termina con “no existe una escuela que enseñe a vivir”, una frase que parecía hecha para ese momento.

Spatocco describe la relación entre ambos como una igualdad: “Mercedes tenía una cosa maternal con Charly, pero con él era una igual. Eso los desarmaba a los dos”. Y agregó: “Conocí al ser más hermoso, dulce, inteligente, bondadoso, tierno. Ese era Charly”.

Mercedes Sosa murió el 4 de octubre de 2009, diez meses después de esa sesión. En su funeral, Charly se encontró con Spatocco y le soltó: “Eh, Popi. La vida sigue”. Spatocco todavía recuerda esas palabras. “Todo mi duelo de Mercedes duró como diez años”, dice. Esta sesión, ocurrida en Argentina, quedó en la memoria de la música latinoamericana y también en la de los seguidores chilenos de ambos artistas.

Con información de La Tercera · Culto

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