Invisible grabó El Jardín bajo la dictadura: así nació la obra maestra de Spinetta
Una crónica de la grabación del tercer y último disco de Invisible, en mayo de 1976, entre represión y experimentación musical.
El 24 de mayo de 1976, en plena dictadura argentina, cuatro músicos entraron a los estudios CBS en Buenos Aires. Estaban Luis Alberto Spinetta, Carlos "Machi" Rufino, Héctor "Pomo" Lorenzo y un joven guitarrista de 18 años llamado Tomás Gubitsch. La sesión daría origen a El Jardín, el tercer y último disco de Invisible.
Había pasado exactamente dos meses desde el golpe militar que derrocó a María Estela Martínez de Perón. La represión ya se notaba en las universidades, en los libros y en los medios. Para los músicos de rock, tener el pelo largo o asistir a un recital era suficiente para caer en una razzia. Aun así, Invisible se metió al estudio a grabar.
Un trío que se hizo cuarteto
Invisible nació a fines de 1973 como un trío formado por Spinetta, Machi y Pomo. Vivieron juntos en una quinta de General Rodríguez, cocinando, durmiendo y ensayando sin parar. Rufino los definió como "los tres mosqueteros". Su primer disco salió en 1974 y un año más tarde llegó Durazno sangrando.
Para la siguiente placa se sumó Gubitsch, un guitarrista que venía del jazz y había trabajado con el bandoneonista Rodolfo Mederos. Con él, el sonido se volvió más virtuoso y complejo. El periodista Sergio Marchi, biógrafo de Spinetta, dice que su llegada fue "evolución y ruptura a la vez", y que su aporte en El Jardín es "apabullante".
El contexto de una obra maestra
Mientras la dictadura cerraba espacios, el rock argentino experimentaba con fuerza. Charly García estrenaba La Máquina de Hacer Pájaros, Gustavo Moretto estaba con Alas y Crucis expandía el rock progresivo. Marchi advierte que no todo era represión: "Pasaban otras cosas, entre ellas un buen año del rock".
El disco comienza con El anillo del Capitán Beto, un tema que combina la vida cotidiana porteña -un colectivero, un banderín de River, malvones- con una aventura espacial. Spinetta lo definió como una canción con "gran carga folclórica". El Capitán Beto quiere volver a su infancia, protegido por un anillo que no lo salva de la tristeza.
La grabación incluyó dos guitarras, bajo, batería, bandoneones y un sintetizador ARP String Ensemble. Las canciones ya estaban trabajadas. El resultado es considerado por Marchi como "lo máximo de Spinetta y del rock argentino". El escritor Eduardo Berti destaca que el disco tiene "colores y paisajes tangueros", en una mezcla con el jazz y el rock progresivo.
No hay una conexión directa con Chile, pero este disco se convirtió en una referencia para los músicos latinoamericanos que buscaban experimentar sin límites.
Con información de La Tercera · Culto