Festival Neutral vuelve tras ocho años: crónica de un sábado de música intensa
Estoy Bien, Javiera Electra, María y los Templos y más marcaron la jornada del regreso.
El Festival Neutral volvió después de ocho años y lo hizo con una apuesta que reunió a proyectos en pleno ascenso. Aunque la discusión sobre cuándo una escena se consolida puede sonar abstracta, el interés del público y la calidad de las propuestas fueron la prueba concreta de que algo está ocurriendo. A la hora de almuerzo, varias personas ya esperaban para entrar a la sala Bunster de M100, y las salas pequeñas se llenaron rápido, con filas que se extendían por los pasillos.
Una jornada de contrastes
Pasadas las 15:00 horas, Alfilera abrió la tarde en La Huerta con un pop de sabor latinoamericano, centrado en su disco Detrás de las palabras. El proyecto de Alfonsina García, con formación extensiva de músicos de otros grupos, mostró una mirada fresca al interés por la música latina, más allá del renacer del bolero que suele mencionarse. La propuesta refleja una conexión más profunda de la juventud chilena con su herencia musical, algo que se venía gestando hace tiempo.
Poco después, La Cámara Chilena de la Destrucción ofreció un show intenso en la Sala Bunster, con un público tan masivo que muchos quedaron afuera. Su música caótica y sus riffs urgentes generaron un ambiente cruzado por la adrenalina, y hasta un chico en silla de ruedas fue levantado por el respetable. El grupo, que se define como música para quienes elegían últimos en educación física, demostró que tiene público y potencial para crecer.
Los que dieron el salto
En el Teatro Principal, Estoy Bien mostró por qué está en un gran momento. El trío arrancó con un guiño a su nuevo disco, A la Distancia, y sonó con la fidelidad del álbum pero con una energía que crece en vivo. Temas como La Carta o El Desorden se lucieron entre un repertorio ya consistente, fruto de horas de ensayo y trabajo de sala. El Neutral los encontró justo en esa etapa de despegue que define a las bandas.
Casi a la par, en la explanada, Javiera Electra desplegó su espectáculo, concentrado en Helíade. Su mezcla de teatralidad, guitarras y actitud es difícil de comprender sin la puesta en escena, y aunque al aire libre perdió algunos matices, igual resultó llamativa. En un teatro, como hizo en el GAM, su propuesta gana dramatismo con la iluminación, pero igual demostró que su música vive en la performance.
El cierre con capas y guiños
María y los Templos fue el número que mejor calzó en el Teatro. Presentaron buena parte de Fiebre, su desafiante álbum, en una versión que expandió las capas de canciones como Melancólicas, con su aire a Electrodomésticos. La participación de Javiera Electra en La Audacia dio un momento especial, y una versión desarmada de Amor por ti, de Los Ángeles Negros, mostró su capacidad para reinterpretar clásicos. También se dieron el gusto de versionar a Fulano con un guiño político en Adolfo, Benito, Augusto y Toribio, justo después de la viral intervención del presidente Kast en la ONU.
La explanada concentró los shows más viscerales. TeOdioTeOdio, uno de los proyectos del año, pasó como un remolino con su rock sin estructura y recitados llenos de guiños literarios. El grupo, formado por estudiantes de Derecho de la U. de Chile, reinterpretó su disco Echaremos el cielo abajo a patadas con improvisación y una intensidad que no necesitó de muchos recursos. El sonido fue suficiente para dejar claro que son una de las apuestas más interesantes de la escena local.
La jornada, sin embargo, no estuvo exenta de problemas: las largas filas y el acceso caótico a las salas pequeñas fueron una constante. A pesar de eso, el regreso del Neutral dejó la sensación de que hay una escena viva, con bandas que consolidan sonidos y otras que apuntan a dar el gran salto.
Con información de La Tercera · Culto