El disco de ska que Amy Winehouse nunca pudo grabar
La cantante quería un giro al reggae y al ska británico, pero su sello se lo impidió.
Amy Winehouse quería dejar atrás el sonido que la hizo famosa. Después del éxito arrollador de Back to Black (2006), la cantante buscó refugio en el Caribe para alejarse del alcohol, los cigarrillos y las sustancias que la estaban destruyendo. Pasó una larga temporada en Santa Lucía y luego varios meses en Jamaica, donde se hospedó en la finca de Bob Marley. Según la prensa de la época, su idea era grabar allí el sucesor de aquel disco que la convirtió en estrella mundial.
El plan jamaicano
En enero de 2008, el diario The Mirror informó que Amy había contado a sus amigos en el pub The Hawley Arms, en el norte de Londres, que viajaría a trabajar con Damian Marley, hijo del legendario Bob. “Me encanta Jamaica y quiero sentir el espíritu de Bob Marley en mi música”, dijo la cantante, a quien vieron fumando un cigarrillo de mala calidad fuera del local. La propia Winehouse confirmó el proyecto: “Quiero quedarme donde él vivía y ligar con Damian porque es un genio. Muero de ganas de ir allí”.
En ese momento, su matrimonio con Blake Fielder-Civil atravesaba una crisis profunda: él estaba preso. Amy se aferró a sus intereses musicales y vio en el ska una salida. No era una ocurrencia sin base. Ya en su primer disco, Frank (2003), incluyó “Moody’s Mood for Love”, un tema cercano al reggae. En Back to Black aparece “Just Friends”, con arreglos de vientos que recuerdan al ska británico. Además, era fan de The Specials —compartió escenario con ellos en Glastonbury— y de todo el catálogo de 2-Tone Records.
Prueba de esa fascinación es que en la edición de lujo de Back to Black se incluyeron versiones como “Cupid” (Sam Cooke), “Monkey Man” (Toots and the Maytals), “Hey Little Rich Girl” (The Specials) y “You’re Wondering Now” (The Skatalites). Todas grabadas en el estilo del ska británico de 2-Tone, con profusión de vientos. Luego fueron compiladas en un disco no oficial, The Ska EP.
El freno de la discográfica
En julio de 2008, en una caótica entrevista con Rolling Stone —rodeada de bolsas de papas fritas, trozos de papel de aluminio y botellas de cerveza—, Amy describió lo que esperaba para ese tercer álbum que nunca llegó. “Lo mismo que mi último disco, pero con algo de ska”, dijo. Cuando el periodista le preguntó si había empezado a grabarlo, respondió: “No se trata tanto de grabar, sino de lo que sea”.
El trabajo en Santa Lucía produjo algunas maquetas. Pero Island Records pensó distinto. Querían un disco muy parecido a Back to Black para asegurar ventas, y se mostraron reticentes al giro ska de Winehouse. “Amy fue muy productiva durante su estancia en Santa Lucía”, declaró una fuente al Daily Mirror en marzo de 2009. “Escribió muchísimas canciones, pero la mayoría no están a la altura”. Según esa misma nota, todo giraba en torno al cambio musical. “Parece que ha abandonado su característico sonido soul clásico y ahora está muy influenciada por el reggae. Sus jefes no creen que sea una buena idea cambiar su estilo tan drásticamente y se lo han dicho”.
La cantante entró en una espiral de abuso de alcohol y problemas personales que la llevaron a la muerte en 2011. Aunque a su regreso del Caribe grabó algunas cosas más, solo un par de temas llegaron al disco póstumo Lioness: Hidden Treasures. Canciones como “Between the Cheats”, “Like Smoke”, “Half Time” y “Best Friends, Right?” mantienen el sonido retro soul de Back to Black. Nunca se sabrá cómo habría sonado aquel tercer disco, pero las decisiones y los gustos de Amy revelan una dirección que quedó truncada.
Con información de La Tercera · Culto