Dance of Death: el álbum que consolidó el regreso de Iron Maiden
A 23 años de su lanzamiento, repasamos el segundo disco de la reunión de Bruce Dickinson y Adrian Smith con la Doncella.
Después de seis años fuera de la banda, Bruce Dickinson y Adrian Smith volvieron a Iron Maiden en 1999. Las expectativas eran altas, y las cumplieron: una gira mundial exitosa y un LP sólido, Brave New World (2000), que tanto el público como la crítica alabaron. Pero la determinación del grupo era mantener el impulso y no repetir el pasado. Con eso en mente, el 2 de septiembre de 2003 llegó Dance of Death, su segundo álbum con la formación reunida.
Una reunión que no se detuvo
El disco arranca con «Wildest Dreams», compuesta por Smith y el bajista Steve Harris. La canción suena con autoridad y reúne todos los sonidos característicos de Iron Maiden. «Voy a exorcizar los demonios de mi pasado», canta Dickinson, y lo hace de manera convincente. Le sigue «No More Lies», de casi ocho minutos, que incorpora elementos progresivos que la banda ya había usado antes.
La canción que da nombre al álbum empieza en un territorio similar, pero con una guitarra que evoca a Jethro Tull y la narración de Bruce Dickinson. «Gates of Tomorrow» y «New Frontier» son tracks rockeros de alto calibre, mientras que «Face in the Sand» se dirige hacia la épica con un arreglo complejo y un ambiente oscuro. No es casualidad: Dickinson canta sobre la guerra de Irak. Su actuación puede ser dramática, pero su compromiso es innegable.
Letras, rarezas y un cierre acústico
En la biografía autorizada de la banda, Iron Maiden: Run to the Hills, Dickinson explicó la inspiración de «Face in the Sand»: «Estaba pensando que no importa cómo sean los imperios que tiendes a construir, todos se derrumbarán y se desvanecerán en otra cosa. Así que, al menos en mi opinión, lo mejor que puedes esperar, si dejaras algo atrás, es solo una huella en la arena».
Dance of Death también contiene una rareza acústica: «Age of Innocence». Es una joya escondida que mezcla riffs pesados con una ronda de solos de guitarra increíbles. Dickinson canta la letra más directa del álbum: «Así que solo podemos tener una oportunidad / ¿Podemos aprovecharla? / Y solo tenemos una vida / No podemos intercambiarla / ¿Podemos conservar lo que tenemos? No reemplazarlo. La edad de la inocencia se está desvaneciendo como un viejo sueño».
El cierre, «Journeyman», es una rareza en el catálogo de Iron Maiden: no hay guitarras eléctricas. La guitarra acústica y las cuerdas marcan el territorio, mientras el baterista Nicko McBrain impulsa la canción. Es un cambio para la banda, pero termina perfectamente el disco.
Grabación analógica y calidez
Iron Maiden grabó Dance of Death a la antigua: en cinta análoga. Eso le otorga una capa de calidez que lo aleja de los sonidos estériles o procesados de muchas bandas de hard rock y metal de la era digital. Sin embargo, el álbum dura casi 70 minutos, lo que lo hace algo largo y exigente. Aun así, esa es una queja menor para un esfuerzo tan fuerte. Dance of Death confirmó el segundo aire de la leyenda y sigue siendo un trabajo histórico para los fanáticos del metal.
Con información de Radio Futuro