A 18 años de ‘Death Magnetic’: el día que Metallica volvió a sonar a Metallica
El noveno disco de la banda californiana marcó el regreso al thrash metal tras el fiasco de 'St. Anger' y la mano firme de Rick Rubin.
Hace exactamente 18 años, Metallica soltó un disco que sonaba a mea culpa y a declaración de principios. Death Magnetic llegó el 12 de septiembre de 2008, y desde el primer riff quedaba claro que la banda californiana había decidido dejar atrás los experimentos raros de los 90 y el desastre sin solos de St. Anger (2003). Era el reencuentro más explícito con el thrash metal de su catálogo reciente.
El reencuentro con el thrash
Después de años de girar estilísticamente y de tocar fondo en crítica y ánimo, el cuarteto asumió este proyecto como una reconciliación abierta con su base de seguidores. Buscaban recuperar la épica de estructuras extensas, cambios de ritmo acelerados y ataques guitarreros contundentes. El resultado fue un tracklist de 10 composiciones largas y sólidas, donde las dudas quedaron archivadas y volvieron a apoyarse en una pared inagotable de riffs monolíticos y métricas aceleradas.
El artífice indispensable de este cambio de mentalidad fue el productor Rick Rubin. Reconocido por despojar a bandas legendarias de artificios innecesarios, Rubin impuso una dinámica estricta: obligó a James Hetfield y Lars Ulrich a repasar minuciosamente sus obras cumbre de los 80 y a moldear el nuevo material directamente en la sala de ensayo. La banda debía tocar como una unidad en vivo, y eso se nota en cada surco del disco.
El desquite de Kirk Hammett
Uno de los puntos más celebrados de la placa fue la liberación creativa de Kirk Hammett. Tras haber permanecido con las manos atadas durante las sesiones de St. Anger —donde se eliminaron deliberadamente los solos—, Hammett tuvo carta blanca para desplegar su característico uso del wah-wah y su velocidad técnica. Esto elevó pasajes instrumentales en canciones como «Cyanide», «The End of the Line» y el corte central «The Day That Never Comes».
Asimismo, piezas de gran escala como «That Was Just Your Life» y la instrumental «Suicide & Redemption» demostraron que la banda no temía extenderse por sobre los siete minutos de duración. De este modo, desafiaron las convenciones del mercado radial moderno, priorizando la sustancia por sobre la duración.
Un legado redimido
Aunque la madurez de 2008 no pretendía igualar el impacto fundacional de clásicos intocables como Ride the Lightning o Master of Puppets, Death Magnetic cumplió con creces su objetivo principal: devolverle la confianza y la credibilidad a un gigante que parecía extraviado. A 18 años de su llegada a las tiendas, el disco se mantiene firme como el testimonio de un cuarteto que entendió cuándo era momento de abrazar su propia historia. Así lograron seguir reinando con orgullo y distorsión.
Con información de Radio Futuro