La Roja pierde el control en Misuri tras la trifulca con Estados Unidos
El arquero Schwake provocó a los chilenos, Hernández lo pateó y la pelea se desató en el último tramo del partido
El ambiente era festivo en Misuri, con los hinchas locales celebrando cada jugada. Sin embargo, adentro de la cancha, la cosa era distinta. La Roja reclamaba al juez que la pelota no había ingresado completamente al arco, y ese reclamo se convirtió en una constante durante el segundo tiempo.
La frustración se notaba en cada jugador chileno. El marcador 4-2 era difícil de revertir, y cada decisión arbitral se recibía con quejas. En ese contexto, el portero local, Brian Schwake, decidió poner el dedo en la herida: en vez de sacar rápido, se entretuvo con el balón, esperando la presión de los delanteros chilenos. Con el balón bajo el brazo, miró a los atacantes y sonrió, un gesto que no pasó desapercibido. Los delanteros se acercaban a presionar, pero Schwake les daba la espalda, y eso fue la gota que rebalsó el vaso.
Un gesto que encendió la mecha
Leandro Hernández, que había ingresado en la segunda parte, fue a su encuentro y le tiró un suave puntapié que el meta ni consideró. Pero la reacción de los defensas estadounidenses fue inmediata: Chris Richards se fue encima del jugador de Colo Colo, y Paulo Díaz se empujó con Richards. En otro sector, Gonzalo Tapia también quedó frente a frente con los locales. Los jugadores de ambos equipos se empujaron y se lanzaron insultos en inglés y español.
La pelea parecía escalar, pero los cuerpos técnicos intervinieron rápidamente para separar a los grupos. La banca chilena también saltó al campo, aunque los asistentes lograron contenerla. El ruido de la trifulca se sintió en la tribuna, y por unos segundos los hinchas locales dejaron de cantar. Finalmente, el árbitro reanudó el juego, y Estados Unidos controló el balón hasta el pitazo final. Tras la separación, algunos jugadores siguieron discutiendo desde lejos.
Los jugadores de la Roja se sintieron agraviados por la actitud de Schwake. Algunos intentaron calmar a Hernández, pero la bronca era general. Los gritos se mezclaron con el pitío del público. La jugada que originó todo sigue siendo dudosa: las cámaras mostraron la pelota cerca de la línea, pero el juez no la dio, y esa decisión marcó el ánimo de los nacionales. Los capitanes tuvieron que hablar con el árbitro para que controlara la situación.
El sabor amargo de la Roja
Para el fútbol chileno, este episodio deja más preguntas que respuestas. El resultado ya duele, pero la actitud de los jugadores, tanto la provocación como la respuesta, será tema de análisis en la prensa deportiva y entre los aficionados. La Roja tendrá que aprender a manejar la frustración en partidos de alta tensión, porque este tipo de conflictos puede traer consecuencias deportivas. La imagen de la pelea se repetirá en los programas deportivos de la semana.
El partido terminó con empujones y discusiones, pero sin golpes mayores. Algunos jugadores se dieron la mano, otros no. Lo que queda claro es que la selección chilena no supo canalizar su bronca por el resultado y la polémica arbitral. Queda esperar que nadie haya resultado herido o con una sanción grave. El silbato final no calmó los ánimos, pero al menos no hubo expulsados.
Con información de La Tercera · El Deportivo