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El magazine de la cultura pop chilena Santiago Fri 18 Sep 2026
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La fidelidad de Peter Jackson a Tolkien que se volvió polémica en Isengard

El director eligió el texto original por sobre el impacto visual, y ese detalle de Isengard sigue dando que hablar.

La fidelidad de Peter Jackson a Tolkien que se volvió polémica en Isengard
Vía SensaCine

Cuando Peter Jackson asumió la misión de llevar El señor de los anillos al cine, sabía que no iba a dejar contentos a todos. El director neozelandés se dio el trabajo de respetar hasta los rincones menos visibles de los libros de JRR Tolkien, incluso aquellos que en pantalla podían jugarle en contra. Su apuesta fue clara: mejor que el mundo de la película calzara con la letra original, aunque después vinieran los comentarios.

Uno de esos casos está en la fortaleza de Isengard, el hogar de Saruman. En la visión que cualquiera se arma antes de verla, ese lugar debería ser una mole oscura y amenazante. Pero Jackson no siguió ese instinto. Se quedó con lo que decía el libro y lo dejó en la película sin concesiones. La escena resultó desconcertante para parte del público, y se transformó en un ejemplo perfecto de su obsesión por la fidelidad.

Una fidelidad que incomoda

Para Jackson, la prioridad era el texto de Tolkien. Eso se nota en cada plano: la película trata de ajustarse a la obra original en cada rincón, aunque el resultado no siempre calce con lo que el público espera de un blockbuster. Esa postura tiene un costo: cuando la audiencia espera un golpe visual, una elección literal puede leerse como un error. Con Isengard, el equipo sabía que estaba arriesgando que el público sintiera que algo no cerraba.

Sin embargo, Jackson no actuó por desconocimiento. Él anticipó las críticas y aun así tiró para adelante. Para él, la aprobación de los lectores que comparan cada plano con el original era más valiosa que el aplauso fácil de una sala a oscuras. Esa manera de trabajar lo convirtió en un referente para los fanáticos de la obra, aunque también generó discusiones.

El detalle que sigue dando que hablar

La entrada de Isengard se convirtió en un tema de conversación que trasciende la pantalla. En Chile, la trilogía se vio en cines, se repitió en casa y se comentó en cada maratón televisivo. Quienes leyeron los libros suelen defender a Jackson: si el autor describió algo de cierta manera, ¿por qué cambiarlo? Los que fueron solo por la acción, en cambio, todavía cuestionan por qué no se aprovechó la chance de mostrar algo más siniestro.

El debate no tiene final, y eso es justamente lo que la hace interesante. La decisión de Jackson recuerda que adaptar una novela no es copiarla, sino interpretarla con criterio. A veces eso significa dejar que una locación no luzca como el póster esperado. Y aunque cueste entenderlo, esa coherencia es parte de lo que mantiene viva la conversación sobre la película, incluso años después.

Así que la próxima vez que alguien vuelva a ver la trilogía, que ponga atención a Isengard. No busque monstruos ni sombras: busque la huella de un director que prefirió creerle a Tolkien antes que al sentido común del blockbuster. ¿Fue un acierto o una equivocación? Ustedes dirán.

Con información de SensaCine

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