Jorge Olguín: el pionero del terror chileno que prefirió la autoría a Hollywood
Con "Kalkutun" en cartelera, el director repasa su carrera: del bullying escolar a rechazar grandes estudios.
Con el estreno de Kalkutun, juicio a los brujos, Jorge Olguín vuelve a poner el cine de género chileno en el centro de la conversación. La película, que ya se ubica entre las más vistas de la cartelera nacional, rescata el proceso judicial contra la sociedad secreta de la Recta Provincia en el Chiloé de fines del siglo XIX. Pero este éxito no es casualidad: es el capítulo más reciente de una carrera que abrió camino para el horror latinoamericano.
De monstruos en el colegio a pionero del slasher
Olguín recuerda que su fascinación por los monstruos comenzó en la infancia, y no siempre fue bien recibida. “En el colegio me pillaron dibujando monstruos en un colegio de monjas. Luego en la Universidad Arcis daba vergüenza hablar de cine de terror, no estaba bien visto”, contó en una conversación con Andrea Moletto y Álvaro Paci en Palabras Sacan Palabras. Ya en la escuela de cine, el panorama académico marginaba el género en favor del cine de autor europeo. “Al final nos rebelamos, hicimos una película de terror y nos dimos cuenta de que también éramos bichos raros cuando íbamos a los festivales. Decían: ‘¿Por qué un latino está haciendo películas de terror?’”, agregó.
Hacia el año 2000, el horror en largometraje era casi inexistente en América Latina. Con Ángel Negro, considerado el primer slasher chileno, Olguín demostró que el género podía ser viable tanto artística como comercialmente en el Cono Sur. “Cuando comencé con Ángel Negro cerca del año 2000, era casi el único junto a Guillermo del Toro. Aparezco yo con Ángel Negro y demostramos que se podía hacer cine de terror en Latinoamérica”, afirmó el realizador. Esa película se convirtió en un precedente para nuevas generaciones de cineastas locales.
Tres años en la banca de Hollywood
Tras el impacto de Sangre Eterna, la industria estadounidense llamó a su puerta. Olguín fue reclutado para liderar un proyecto de 30 millones de dólares: la adaptación del videojuego Clock Tower. “Estuve tres años allá tratando de hacer el proyecto”, relató. Durante ese periodo, recibió ofertas para dirigir secuelas comerciales como Jóvenes Brujas 2 y La Marca de la Mujer Pantera 2, pero las rechazó. “Las rechacé porque eran películas que iban directo a video y yo quería cine”, confesó. Sin embargo, la burocracia de los grandes estudios lo desgastó. “Estaba en la banca viendo cómo todos filmaban mientras los productores ejecutivos seguían cobrando sus contratos y yo esperaba que le dieran luz verde al proyecto”, explicó sobre su salida del sistema norteamericano.
Volver a Chile para ser autor
Frente al estancamiento, Olguín decidió regresar a Chile para mantener el control creativo de sus historias. “Me he transformado en autor de mis proyectos dentro del género. Hago género, pero con autoría. No quiero volver a perder tres o cuatro años estancado en un estudio”, enfatizó. Esa búsqueda por revalorizar la identidad local se consolidó en el estreno de Kalkutun durante la temporada de Halloween. “Hicimos una alianza para estrenar en Halloween e imponer el folclore chilote y la brujería chilota sobre la brujería anglosajona”, sostuvo el director.
Actualmente, Kalkutun, juicio a los brujos compite en las salas comerciales contra superproducciones internacionales. “Es completamente como estar como David contra Goliat. Competir con los niveles de marketing que vienen en las películas gringas es difícil, pero el público quería conectarse con una historia local”, destacó. El cineasta también resaltó que la factura técnica de la cinta sorprendió en mercados como Cannes y Ventana Sur. “Muchos pensaron que la película era una coproducción internacional por el nivel de factura, pero todo se hizo con fondos chilenos”, concluyó.
Con información de Radio Futuro