Chespirito, el creador que nunca dejó de ser guionista
A 6 años de su muerte, repasamos los inicios de Roberto Gómez Bolaños detrás de la máquina de escribir.
Roberto Gómez Bolaños, más conocido como Chespirito, empezó su carrera a los 27 años como guionista. No en la televisión que lo haría famoso, sino en los programas Cómicos y canciones y El estudio de Pedro Vargas, dos espacios de la radio y la incipiente TV mexicana de los años 50. Su apodo, un juego entre “Shakespeare” y “chico” por su baja estatura, lo acompañó desde entonces.
El oficio de escribir antes del éxito mundial
Antes de crear a El Chavo, El Chapulín Colorado o al Chómpiras, Chespirito era un escritor que vendía sketches y canciones cómicas. Su primer trabajo estable fue en la radio, donde Pedro Vargas —cantante y actor mexicano— le dio espacio para desarrollar rutinas. En esos años, Gómez Bolaños combinaba la escritura con presentaciones en vivo, pero siempre consideró que su verdadera vocación era contar historias desde el papel.
Para el público chileno, la figura de Chespirito sigue siendo un ícono de la infancia. Las series que creó se emitieron durante décadas en canales nacionales, primero en TV abierta y después en plataformas de streaming. Aunque su carrera comenzó en México y nunca trabajó directamente en Chile, su influencia en la cultura pop local es innegable: generaciones crecieron viendo sus personajes.
Un legado que sigue vigente en las pantallas chilenas
Hoy, 30 de octubre de 2026, las series de Chespirito se pueden ver en servicios de streaming como Netflix y Pluto TV, que mantienen catálogos activos para el público chileno. El creador falleció en 2014, pero su obra sigue siendo consumida por nuevos espectadores, lo que demuestra la atemporalidad de sus personajes y su humor.
La noticia de sus inicios como guionista —que muchos fans desconocen— recuerda que detrás del actor y director había un escritor meticuloso. Gómez Bolaños solía decir que el éxito de sus programas dependía del texto, no de los chistes improvisados. Esa disciplina, aprendida en sus primeros trabajos con Vargas y en Cómicos y canciones, marcó toda su carrera.
Con información de SensaCine