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Brad Pitt y su perro Odín luchan contra Alaska en ‘El Corazón de la Bestia’

El actor deja atrás Montana y se congela en Alaska como un exsoldado con su pastor alemán en el filme de David Ayer.

Brad Pitt y su perro Odín luchan contra Alaska en 'El Corazón de la Bestia'
Vía La Tercera · Culto

Al comienzo de su carrera, Brad Pitt fue la imagen del galán de época en dos películas con montañas y nieve de por medio: Nada es para siempre (1992) y Leyendas de pasión (1994). Tenía veintitantos, casi 30, y una presencia que mezclaba juventud, sonrisa y un estilo de actuación más intuitivo que trabajado. Ese estilo no ha cambiado demasiado; lo que sí cambió es el rostro y el pelo gris. Ahora, en 2026, el actor regresa al norte de América con una historia todavía más fría, en Alaska.

La película, El Corazón de la Bestia, la dirige David Ayer, responsable de Corazones de acero (2014). Pitt interpreta a James Belmont, exintegrante de las Fuerzas Especiales que peleó en Medio Oriente. Su compañero es Odín, un pastor alemán rescatista interpretado por el perro Uber. Odín tiene pata ortopédica y colmillos de titanio, porque la guerra también lo marcó. Ambos salieron vivos de una emboscada, donde el atacante murió de un balazo en la cabeza por obra de Belmont.

Caída libre en Alaska

Antes del conflicto, el filme muestra un momento bucólico con J.K. Simmons como un lugareño. Luego, Belmont y Odín suben a una avioneta rumbo a zonas todavía más aisladas. En pleno vuelo, el exsoldado sufre un ataque cardíaco o un cuadro parecido: la avioneta se desploma sobre el río más helado de la ruta. A los pocos segundos, Pitt emerge con una brazada potente y nada hacia Odín, que cayó varios metros más lejos. Los dos sobreviven, aunque quedan solos entre los bosques de Alaska, a 93 kilómetros de la carretera más cercana.

Que sobrevivan no debería asombrar. Es un filme de sobrevivencia, y la dupla ya había salido con vida de Irak y Afganistán. Lo que queda por ver es si también salen de Alaska, sobre todo cuando el cuerpo del veterano ya dio señales de desgaste. Ese contraste entre la fortaleza del pasado y la fragilidad del presente es el motor de la historia.

Heredero de Jack London, con menos ambición

El Corazón de la Bestia mira de frente a Jack London: el escritor usó su paso por Alaska y Canadá durante la fiebre del oro para crear Colmillo Blanco (1906) y El llamado de la selva (1903). Ayer no tiene la potencia narrativa de London, pero trabaja con intuición y logra que una trama sencilla termine emocionando. No pide demasiado, y cuando el espectador menos lo espera, aparecen las escenas que aprietan la garganta.

Pitt, además, llegó a esta película con una ventaja probada: en Érase una vez en Hollywood ya había mostrado química con una perrita en la escena de Cliff Booth y Brandy. Acá esa química se mantiene, aunque con un giro: la gran estrella de la película es Odín, el perro, por encima del actor humano. Para el público chileno, el dato es simple: no hay ningún vínculo local en la historia, pero es una producción de Hollywood que juega con dos elementos universales, un hombre herido y su perro.

Con información de La Tercera · Culto

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