Padre de Felipe Camiroaga abre su departamento a 15 años de la tragedia
A días de que se cumplan 15 años del accidente de Juan Fernández, Jorge Camiroaga Puch (89) reflexiona sobre su hijo, el dolor y el cariño de Chile.
Jorge Camiroaga Puch, de 89 años, abrió las puertas de su departamento en Santiago. Adentro, el tiempo no ha borrado a Felipe. Sus fotos están por todas partes; sus recuerdos familiares se mezclan con la figura que Chile conoció en pantalla. El 2 de septiembre se cumplen 15 años del accidente aéreo en Juan Fernández que le arrebató la vida a su hijo, junto a otras 20 personas.
“Felipe ya no era solamente nuestro”
Para Jorge, su hijo es más que el conductor de Buenos Días a Todos, de Animal Nocturno o el que hizo reír como Washington. “Cuando alguien me habla del Halcón de Chicureo, sonrío porque yo estoy viendo otra película: al niño que tuve delante muchos años antes”, dice. “Tuve que aceptar que Felipe había entrado en las casas y en los afectos de muchísima gente. Hoy puedo decir que dejó una marca profunda en la memoria afectiva de este país”.
“Hay heridas que no sanan. Uno aprende a vivir con ellas”, agrega. “La partida de Felipe fue un antes y un después en mi vida”. Y aunque el cariño del público lo reconforta, Jorge también piensa en los padres de las otras víctimas: “Quizás sus hijos no tenían la exposición pública de Felipe, pero el dolor de un padre no depende de eso. Seguramente han sufrido tanto como yo. Mi corazón está también con ellos”.
Un hijo que sigue presente en lo cotidiano
Jorge no necesita una fecha para recordarlo. “Felipe está metido en mi vida diaria. A veces es una tontera, una fotografía, una frase que habría dicho. Sigo teniendo esos pequeños encuentros con él durante el día”, cuenta. “La gente no me habla de él como un recuerdo, sino de lo que significa ahora en sus vidas. Algunos sienten que los acompaña. Pienso: qué recorrido extraordinario hizo este hijo mío”.
¿Qué estaría haciendo hoy Felipe Camiroaga? Jorge lo imagina inquieto. “Quizás seguiría en televisión, quizás habría dejado todo para dedicarse a sus animales. Tenía esa libertad. Nunca sentí que su vida estuviera escrita de antemano”. Cree que, de estar vivo, “difícilmente habría permanecido indiferente” al Chile actual. “Observaba mucho, escuchaba y sacaba sus propias conclusiones”.
La huella que permanece
“Uno puede guardar fotografías, grabaciones, objetos, pero lo que permanece de una persona ocurre en los demás. Quince años después, Felipe todavía provoca una sonrisa, una historia, una emoción en alguien que se acerca a hablarme. De alguna manera, una vida continúa en las huellas que fue dejando en otras personas”, reflexiona Jorge. “No sabría describir con palabras lo que significa seguir sintiéndolo tan cerca”.
Con información de La Tercera · Culto